Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Anillo de compromiso
Pensando en mil millones me arrastraba
la avaricia del sórdido lujoso,
tras la espalda de una hembra que estaba
con el rostro mirando hacia otro oso.
Y cuando vi la fiera cara a cara
se derrumbó el instinto lujurioso,
por ser la brea más que fea, rara,
y en lo raro acabó lo decoroso.
Cada real de frente es un valor
si se persigue a Venus por apaño
con esa hormona fuerte que es servil.
Al verte, tartamudo fue el pastor,
con la paga en tu cara, ¡qué rebaño!,
y aprendí a concluir otro redil.
Cuando salí del infierno
me persiguieron quinientos jinetes
y acabé con cada una de sus almas;
pero los caballos se hicieron fuertes:
Uno era el de la espalda,
otro el del sexo, otro, la palabra,
otro Fueron quinientos jinetes,
y quinientas calaveras desmontadas.
Han venido hasta aquí esas almas
que buscaban las luces,
que fueron de mí lumbres
que nunca se apagan.
Estaba sentado en los cielos,
la tierra cielo que pasa,
y vinieron huyendo del tiempo
para dar de su tiempo la espada.
Venid aquí , jinetes ingratos,
venid y oremos junto a los sapos,
donde las ranas cubren su pelo,
y la tarima es de otro cielo;
el gay que pica en el gallinero,
al año rico y al mucho celo.
La noche se abre en el súbito impacto,
y caemos al suelo indefensos
sin el poder del cerebro;
y en esos instantes,
que son instantes eternos,
nada sabemos porque nada se sabe
de los etéreos sueños.
Y vuelve de nuevo ¿la vida?,
y llega de nuevo ¿el cuerdo?;
y todos caemos vendimia
arrancando las uvas al cielo.
Pasos tristes y alegres.
Qué poco alegres y cuánta tristeza;
acabemos con señores de laureles
que nos quitan la poca solvencia,
para ser ellos solventes, y decir:
nuestro ejemplo te la meta
Prométeme que no dirás nada.
Te quiero, y tú lo sabes
Promételo con el anillo del compromiso
que califiques tú.
Pensando en mil millones me arrastraba
la avaricia del sórdido lujoso,
tras la espalda de una hembra que estaba
con el rostro mirando hacia otro oso.
Y cuando vi la fiera cara a cara
se derrumbó el instinto lujurioso,
por ser la brea más que fea, rara,
y en lo raro acabó lo decoroso.
Cada real de frente es un valor
si se persigue a Venus por apaño
con esa hormona fuerte que es servil.
Al verte, tartamudo fue el pastor,
con la paga en tu cara, ¡qué rebaño!,
y aprendí a concluir otro redil.
Cuando salí del infierno
me persiguieron quinientos jinetes
y acabé con cada una de sus almas;
pero los caballos se hicieron fuertes:
Uno era el de la espalda,
otro el del sexo, otro, la palabra,
otro Fueron quinientos jinetes,
y quinientas calaveras desmontadas.
Han venido hasta aquí esas almas
que buscaban las luces,
que fueron de mí lumbres
que nunca se apagan.
Estaba sentado en los cielos,
la tierra cielo que pasa,
y vinieron huyendo del tiempo
para dar de su tiempo la espada.
Venid aquí , jinetes ingratos,
venid y oremos junto a los sapos,
donde las ranas cubren su pelo,
y la tarima es de otro cielo;
el gay que pica en el gallinero,
al año rico y al mucho celo.
La noche se abre en el súbito impacto,
y caemos al suelo indefensos
sin el poder del cerebro;
y en esos instantes,
que son instantes eternos,
nada sabemos porque nada se sabe
de los etéreos sueños.
Y vuelve de nuevo ¿la vida?,
y llega de nuevo ¿el cuerdo?;
y todos caemos vendimia
arrancando las uvas al cielo.
Pasos tristes y alegres.
Qué poco alegres y cuánta tristeza;
acabemos con señores de laureles
que nos quitan la poca solvencia,
para ser ellos solventes, y decir:
nuestro ejemplo te la meta
Prométeme que no dirás nada.
Te quiero, y tú lo sabes
Promételo con el anillo del compromiso
que califiques tú.