Parecía algo extraña
Cometa que se aleja dejando un haz cegador
y anuncia una desesperante pausa de siglos
antes de retornar a la proximidad de mis sentidos.
Sus ojos tenían el brillo de siempre,
pero me parecían lejanos,
casi tan ausentes y tan presentes como una ráfaga de fuego,
capaces de dejar una llaga en lo profundo.
Sus labios eran de otro mundo,
solo se aproximaban a beber en el vientre-vid de la madre tierra,
para luego alejarse al profundo espacio infinito
al llamado de su Diosa.
Seguro que lo noté,
sus hombros inquietos añoraban una caricia diferente
que siempre se escapa de mis manos
y termina amarrada a mis nostalgias
cual enredadera marchita de patio trasero.
Su cintura afloraba esplendorosa,
entre finos velos y caballitos de mar, hacía antesala
a la balada y al son
queriendo desatar la batahola.
ha vuelto sin querer,
a llenar mis reservas,
en medio de la acostumbrada paciencia.
A mis penas profundas las curó.
¿Qué más puedo pedir?
si tengo listo mi equipaje lleno de usted:
llevo su mirada lejana en los astros del cielo,
llevo el último sorbo de sus labios,
aún manchados de vino
y la exquisita redondez de su piel
¡qué más puedo pedir!
Cometa que se aleja dejando un haz cegador
y anuncia una desesperante pausa de siglos
antes de retornar a la proximidad de mis sentidos.
Sus ojos tenían el brillo de siempre,
pero me parecían lejanos,
casi tan ausentes y tan presentes como una ráfaga de fuego,
capaces de dejar una llaga en lo profundo.
Sus labios eran de otro mundo,
solo se aproximaban a beber en el vientre-vid de la madre tierra,
para luego alejarse al profundo espacio infinito
al llamado de su Diosa.
Seguro que lo noté,
sus hombros inquietos añoraban una caricia diferente
que siempre se escapa de mis manos
y termina amarrada a mis nostalgias
cual enredadera marchita de patio trasero.
Su cintura afloraba esplendorosa,
entre finos velos y caballitos de mar, hacía antesala
a la balada y al son
queriendo desatar la batahola.
ha vuelto sin querer,
a llenar mis reservas,
en medio de la acostumbrada paciencia.
A mis penas profundas las curó.
¿Qué más puedo pedir?
si tengo listo mi equipaje lleno de usted:
llevo su mirada lejana en los astros del cielo,
llevo el último sorbo de sus labios,
aún manchados de vino
y la exquisita redondez de su piel
¡qué más puedo pedir!