Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Anochece.
Después el silencio
aún tibio el tacto de la tarde herida.
Las sombras renacen como olas
que volvieran del mar persiguiendo tormentas.
Impaciente, la luz se aleja mar adentro
donde el viento es distinto,
sus espumas ardientes,
donde el cielo se abre para unir dos orillas
y la luna deriva hacia el fulgor del abismo.
Anochece.
Las estrellas ausentes a tus pies dormidas.
Después el silencio
aún tibio el tacto de la tarde herida.
Las sombras renacen como olas
que volvieran del mar persiguiendo tormentas.
Impaciente, la luz se aleja mar adentro
donde el viento es distinto,
sus espumas ardientes,
donde el cielo se abre para unir dos orillas
y la luna deriva hacia el fulgor del abismo.
Anochece.
Las estrellas ausentes a tus pies dormidas.