Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Dios o la biblia o los hombres
que en el mundo han sido
y aún son siempre han mentido
a las mujeres al enseñarles
a esconderse, a bajar la mirada,
a avergonzarse, a tener miedo,
un miedo que ha hecho nido
en su cuerpo y en los sueños
y en cada acto de su vida.
Unidas por una biología,
por un vientre, son sujetos
las mujeres con ansias de libertad,
que tienen motivos
más que suficientes para derribar
con su grito las cuatro paredes
en las que han malvivido
encerradas durante siglos
como las muñecas rotas de papa
hasta alcanzar la edad casadera
cuando se convertían,
por culpa del maldito anillo,
en esposas con la pata quebrada
de los hombres;
pero han aprendido la lección
y ya saben que su cuerpo
no es el hogar de nadie
y que todo lo que necesitan
se halla dentro de sí mismas.
Ha tenido que renovarse la Luna
en incontables ocasiones
para que las mujeres
con los ovarios bien puestos
comenzaran a alzarse
y caminar abriendo brechas,
promoviendo cambios,
apropiándose de sus nombres,
dejando de ser parte
de las que callan, temen y lloran
y diciendo rotundamente no
a los que rechazan su voz,
niegan su historia o impiden
que se sientan bien;
y aunque en el anonimato
han estado mucho tiempo,
“anónima” nunca ha sido
el nombre de ninguna mujer.
que en el mundo han sido
y aún son siempre han mentido
a las mujeres al enseñarles
a esconderse, a bajar la mirada,
a avergonzarse, a tener miedo,
un miedo que ha hecho nido
en su cuerpo y en los sueños
y en cada acto de su vida.
Unidas por una biología,
por un vientre, son sujetos
las mujeres con ansias de libertad,
que tienen motivos
más que suficientes para derribar
con su grito las cuatro paredes
en las que han malvivido
encerradas durante siglos
como las muñecas rotas de papa
hasta alcanzar la edad casadera
cuando se convertían,
por culpa del maldito anillo,
en esposas con la pata quebrada
de los hombres;
pero han aprendido la lección
y ya saben que su cuerpo
no es el hogar de nadie
y que todo lo que necesitan
se halla dentro de sí mismas.
Ha tenido que renovarse la Luna
en incontables ocasiones
para que las mujeres
con los ovarios bien puestos
comenzaran a alzarse
y caminar abriendo brechas,
promoviendo cambios,
apropiándose de sus nombres,
dejando de ser parte
de las que callan, temen y lloran
y diciendo rotundamente no
a los que rechazan su voz,
niegan su historia o impiden
que se sientan bien;
y aunque en el anonimato
han estado mucho tiempo,
“anónima” nunca ha sido
el nombre de ninguna mujer.
Última edición: