Ulpiano
Obrero de la Poesía
.
Quiero contarte ahora mi añoranza:
Esa noche soñé que estaba muerto
que mi cadáver, por piedad tan sólo,
mano extraña condujo al cementerio
sin que un amigo para mí dejase,
en mi fosa, la cruz como recuerdo.
Soñé que los gusanos convertían
como en opíparo festín mi cuerpo,
pero al tocar del corazón la víscera
do conservaba intacto mi secreto:
la historia triste de tu amor, tu imagen
grabada allí, en el fondo de mi pecho,
no rompieron sus fibras los gusanos,
lo hallaron tan amargo, tan enfermo,
como en el tiempo aquel de los suplicios
en el que hiciste mi dolor eterno.
¡Y cumplí la promesa de guardarte
mi corazón, hasta después de muerto!
Y soñé que llegaste al camposanto
sin temer de las tumbas el silencio,
ni la espantosa soledad del sitio
donde se ven las sombras como espectros.
Y arrodillada ante el montón de tierra
que te ocultó mis solitarios restos,
derramaron tus ojos tantas lágrimas,
reviviendo tu mente los recuerdos,
que del sepulcro apareció mi sombra
cual fantasma evocado a tu deseo...
Y acercando la sombra de mis labios
al labio tuyo que temblaba gélido,
se agitaron los muertos en sus tumbas
al presenciar que te besaba inquieto.
¡Si pudiera soñar en noche plácida
solo con el instante de ese beso!
Añoranza
Quiero contarte ahora mi añoranza:
Esa noche soñé que estaba muerto
que mi cadáver, por piedad tan sólo,
mano extraña condujo al cementerio
sin que un amigo para mí dejase,
en mi fosa, la cruz como recuerdo.
Soñé que los gusanos convertían
como en opíparo festín mi cuerpo,
pero al tocar del corazón la víscera
do conservaba intacto mi secreto:
la historia triste de tu amor, tu imagen
grabada allí, en el fondo de mi pecho,
no rompieron sus fibras los gusanos,
lo hallaron tan amargo, tan enfermo,
como en el tiempo aquel de los suplicios
en el que hiciste mi dolor eterno.
¡Y cumplí la promesa de guardarte
mi corazón, hasta después de muerto!
Y soñé que llegaste al camposanto
sin temer de las tumbas el silencio,
ni la espantosa soledad del sitio
donde se ven las sombras como espectros.
Y arrodillada ante el montón de tierra
que te ocultó mis solitarios restos,
derramaron tus ojos tantas lágrimas,
reviviendo tu mente los recuerdos,
que del sepulcro apareció mi sombra
cual fantasma evocado a tu deseo...
Y acercando la sombra de mis labios
al labio tuyo que temblaba gélido,
se agitaron los muertos en sus tumbas
al presenciar que te besaba inquieto.
¡Si pudiera soñar en noche plácida
solo con el instante de ese beso!
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