Vital
Poeta veterano en el portal
Uno se pregunta el porqué de las risas y las lágrimas
el día y la noche, bajamar y pleamar, nieve y vapor.
¿Por qué las rosas se desparraman al evaporarse?
¿Por qué los seres humanos se acoplan o quiebran?
¿Por qué se inventaron las palabras?
Para nacer no se necesita más ropa que la piel.
Para amar tan solo hay que sonreír.
Porque el alma es muda, ciega y sorda.
Más cuando se ama con el alma la piel florece
y los ojos son fuentes que fluyen alegres,
como todo amanecer que sin palabras es risa.
Por eso “Papis” no comprendo las sonrisas falsas
y menos las bonitas palabras en malas caras.
Uno mira estos mundos y las gentes que los habitan y me apena ir disfrazado como ellos.
Uno mira sus corazones y se apena de llevar corazón.
Uno se entristece de ver como las aguas que nacen claras luego se enturbian.
Uno sufre al caminar entre tantas balas perdidas que hieren y matan la inocencia.
Uno no es de piedra cuando oye la palabra amor y los hechos producen solo clamor.
Uno es tan poca cosa, como grano de arena en la playa del mar de tu mirada.
Uno se deshoja como lo hacen las rosas ante las miradas que su belleza devoran.
Uno es tan poca cosa frente a tantos, que invisible quisiera ser como las esencias.
Uno es un solo grano, más; ¿Como y donde sembrarme para ser amorosa espiga?
Uno clama al cielo, arrodillado en el suelo desnudo de principios y formas:
¡Señor!
¿Qué más puedo hacer además de ser tus ojos, manos y voz si sigo llevando sus ropas?
¿Cómo alimentar al hambriento de estómago con tan solo amorosa palabra?
¿Cómo enseñar la belleza al ciego de visión, o enseñar a sonreír al ciego de corazón?
¿En qué mano la justicia cuando socorro al herido injustamente por mostrar tu palabra?
Uno mira alrededor y tan solo veo vanidad y adoración en el templo de la ignorancia.
Uno contempla cada nuevo amanecer y no entiende porque se adora aún a las sombras.
Uno contempla cada nuevo ocaso y como se enrojece por su dolor un mar de lágrimas.
Y aún entre tanta incertidumbre me yergo ante ti cual solitaria montaña clamando perdón.
Por no comprender lo que mis ojos ven y mi alma no reconoce entre llantos y lamentos, por ello ante ti exprimo con dolor esta esponja que todo absorbe y tanto pesa, para evaporarme dejando atrás las espinas y la belleza siendo solo esencia a tu rostro.
el día y la noche, bajamar y pleamar, nieve y vapor.
¿Por qué las rosas se desparraman al evaporarse?
¿Por qué los seres humanos se acoplan o quiebran?
¿Por qué se inventaron las palabras?
Para nacer no se necesita más ropa que la piel.
Para amar tan solo hay que sonreír.
Porque el alma es muda, ciega y sorda.
Más cuando se ama con el alma la piel florece
y los ojos son fuentes que fluyen alegres,
como todo amanecer que sin palabras es risa.
Por eso “Papis” no comprendo las sonrisas falsas
y menos las bonitas palabras en malas caras.
Uno mira estos mundos y las gentes que los habitan y me apena ir disfrazado como ellos.
Uno mira sus corazones y se apena de llevar corazón.
Uno se entristece de ver como las aguas que nacen claras luego se enturbian.
Uno sufre al caminar entre tantas balas perdidas que hieren y matan la inocencia.
Uno no es de piedra cuando oye la palabra amor y los hechos producen solo clamor.
Uno es tan poca cosa, como grano de arena en la playa del mar de tu mirada.
Uno se deshoja como lo hacen las rosas ante las miradas que su belleza devoran.
Uno es tan poca cosa frente a tantos, que invisible quisiera ser como las esencias.
Uno es un solo grano, más; ¿Como y donde sembrarme para ser amorosa espiga?
Uno clama al cielo, arrodillado en el suelo desnudo de principios y formas:
¡Señor!
¿Qué más puedo hacer además de ser tus ojos, manos y voz si sigo llevando sus ropas?
¿Cómo alimentar al hambriento de estómago con tan solo amorosa palabra?
¿Cómo enseñar la belleza al ciego de visión, o enseñar a sonreír al ciego de corazón?
¿En qué mano la justicia cuando socorro al herido injustamente por mostrar tu palabra?
Uno mira alrededor y tan solo veo vanidad y adoración en el templo de la ignorancia.
Uno contempla cada nuevo amanecer y no entiende porque se adora aún a las sombras.
Uno contempla cada nuevo ocaso y como se enrojece por su dolor un mar de lágrimas.
Y aún entre tanta incertidumbre me yergo ante ti cual solitaria montaña clamando perdón.
Por no comprender lo que mis ojos ven y mi alma no reconoce entre llantos y lamentos, por ello ante ti exprimo con dolor esta esponja que todo absorbe y tanto pesa, para evaporarme dejando atrás las espinas y la belleza siendo solo esencia a tu rostro.
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