Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ANTECEDENTES DE LA EUFORIA
Banderamen antecesor/
secuelas de un hazmerreír todavía cuelgan
del diván de los dormidos.
Toda vaguedad arde en esquinas centrífugas.
Todo objeto ensopa sus islas en las aristas romas de su anverso.
Qué bien alardear de silencio frente a los espejos,
donde falsamente prevarican su pregón
los eslabones y cencerros.
Algo advierte responsos en la hora sorda
que estremece el sentido de este instante.
Maneras fofas de endiosar la vida, enmarcarla
en ese rubro de aromas que ahora es la memoria sonrosada.
Hábilmente soy aquel que todavía prosigue a pesar de la inexperiencia;
soy perito en muladares
donde niebla y eco conjugan emisiones/
chasquidos de goterones que la lluvia nunca quiso.
Estremece el tiempo, desanda sus carruajes,
toda escasez coagula su noticia.
Soy el anfibio antecesor del último milagro.
Banderamen antecesor/
secuelas de un hazmerreír todavía cuelgan
del diván de los dormidos.
Toda vaguedad arde en esquinas centrífugas.
Todo objeto ensopa sus islas en las aristas romas de su anverso.
Qué bien alardear de silencio frente a los espejos,
donde falsamente prevarican su pregón
los eslabones y cencerros.
Algo advierte responsos en la hora sorda
que estremece el sentido de este instante.
Maneras fofas de endiosar la vida, enmarcarla
en ese rubro de aromas que ahora es la memoria sonrosada.
Hábilmente soy aquel que todavía prosigue a pesar de la inexperiencia;
soy perito en muladares
donde niebla y eco conjugan emisiones/
chasquidos de goterones que la lluvia nunca quiso.
Estremece el tiempo, desanda sus carruajes,
toda escasez coagula su noticia.
Soy el anfibio antecesor del último milagro.
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