BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mira, naciones convulsas
espolvoreadas sobre la tetera en curso
manumitiendo talleres de cera en museos
inconclusos, en atardeceres de nervios en punta
tras los glúteos disecados y atrofiados.
La penumbra de los jardines bruscamente apartada
mientras se seducen los pájaros con ruido de fortaleza.
En las cárceles una carencia de hígados sobrepasa
el aire escarlata que gime redondeando antiguos picos
de locura.
En volutas de humo el ángel apostado en círculos
conteniendo su ambrosía irreprimible de sombras
y sombras azules.
Tu propio cuerpo era una nación. Constelación
de gérmenes intencionados que buscaban la perforación seráfica.
Tu sombra idéntica a nutritivos vástagos de fuego y arena
calcinada. Tu esqueleto, esa confusión momentánea de muertos
tras las avenidas
iluminadas, un estado de inmóvil apariencia desordenada.
Tu razón, tu mente, estáticas praderas flotando a través
de sonidos ingenuos, sótanos discordantes donde el amor perdura
en su fragancia congelada.
©
espolvoreadas sobre la tetera en curso
manumitiendo talleres de cera en museos
inconclusos, en atardeceres de nervios en punta
tras los glúteos disecados y atrofiados.
La penumbra de los jardines bruscamente apartada
mientras se seducen los pájaros con ruido de fortaleza.
En las cárceles una carencia de hígados sobrepasa
el aire escarlata que gime redondeando antiguos picos
de locura.
En volutas de humo el ángel apostado en círculos
conteniendo su ambrosía irreprimible de sombras
y sombras azules.
Tu propio cuerpo era una nación. Constelación
de gérmenes intencionados que buscaban la perforación seráfica.
Tu sombra idéntica a nutritivos vástagos de fuego y arena
calcinada. Tu esqueleto, esa confusión momentánea de muertos
tras las avenidas
iluminadas, un estado de inmóvil apariencia desordenada.
Tu razón, tu mente, estáticas praderas flotando a través
de sonidos ingenuos, sótanos discordantes donde el amor perdura
en su fragancia congelada.
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