BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Derruyo, escúchame bien,
los hórreos antiguos: cadavéricos
sus protuberantes y húmedos
caserones militantes. Las chimeneas
ambiguas donde recalentábamos
la sopa materna, ubres de un pasado
milimétricamente calibradas.
Sus sonidos de telaraña reticente,
las cuevas insondables en que amanecía
mi infancia. Escucha, escúchame
bien, hija del mismo útero: persigo
la balanza idéntica, el lento declinar
de tanto óxido y crepúsculo. En
esta caverna, pongo mi sello y lacre;
en esta semilla de almendra, exijo
la libertad de la sangre cercenada.
©
los hórreos antiguos: cadavéricos
sus protuberantes y húmedos
caserones militantes. Las chimeneas
ambiguas donde recalentábamos
la sopa materna, ubres de un pasado
milimétricamente calibradas.
Sus sonidos de telaraña reticente,
las cuevas insondables en que amanecía
mi infancia. Escucha, escúchame
bien, hija del mismo útero: persigo
la balanza idéntica, el lento declinar
de tanto óxido y crepúsculo. En
esta caverna, pongo mi sello y lacre;
en esta semilla de almendra, exijo
la libertad de la sangre cercenada.
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