tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Respiro, aun puedo sentir, las alucinaciones que me hacen estremecer.
Estar despierto mientras sueño, lo acelera todo a un modo extremo.
El silencio que genera el lado mustio de la música, es impagable, es el extracto anverso de mi interior.
La bilateralidad universal que alumbra mis espacios crónicos y el reflejo echo reacción.
Una mirada tímida y el no derramar sustancias fusionadas en mis aura. Las conexiones lejanas de mi mente, como si fuera una nave intergaláctica, disparando imágenes telemétricas de sustancias abstractas, imprimiendo en 3D, los monstruos que me acompañan en cada uno de mis viajes. Hasta azorarme y hasta creer en mi propia muerte.
Es la única forma de costear la realidad.
Es la manera de volcar, mi costado enfermizo de las cosas, sin necesidad de estigmatizar al otro.
La herida real sería supremacía cordial, pero se que el mundo no está preparado para absorber la disociación de mi ser, sin contaminarse a si mismos.
La ventana emotiva gira sin parar y se que se estrellará, contra mi obsesividad que es nada.
Mi tórrido desencuentro.
Apasionando ingratitudes y falsías ancestrales…conspiraciones de una socialización que nada tolera y que es motivada por el morbo.
Legiones de belleza impráctica.
Capciosidad doméstica.
Balancearme hasta volver en sí, y huir de mí.
Corriendo el riesgo de perder…y de viajar de un cimbronazo a la maléfica realidad.
Estar despierto mientras sueño, lo acelera todo a un modo extremo.
El silencio que genera el lado mustio de la música, es impagable, es el extracto anverso de mi interior.
La bilateralidad universal que alumbra mis espacios crónicos y el reflejo echo reacción.
Una mirada tímida y el no derramar sustancias fusionadas en mis aura. Las conexiones lejanas de mi mente, como si fuera una nave intergaláctica, disparando imágenes telemétricas de sustancias abstractas, imprimiendo en 3D, los monstruos que me acompañan en cada uno de mis viajes. Hasta azorarme y hasta creer en mi propia muerte.
Es la única forma de costear la realidad.
Es la manera de volcar, mi costado enfermizo de las cosas, sin necesidad de estigmatizar al otro.
La herida real sería supremacía cordial, pero se que el mundo no está preparado para absorber la disociación de mi ser, sin contaminarse a si mismos.
La ventana emotiva gira sin parar y se que se estrellará, contra mi obsesividad que es nada.
Mi tórrido desencuentro.
Apasionando ingratitudes y falsías ancestrales…conspiraciones de una socialización que nada tolera y que es motivada por el morbo.
Legiones de belleza impráctica.
Capciosidad doméstica.
Balancearme hasta volver en sí, y huir de mí.
Corriendo el riesgo de perder…y de viajar de un cimbronazo a la maléfica realidad.