El semáforo está en verde
pero no se que le pasa al trafico que no avanza
y no se que le pasa a la gente
que siguen tocando el claxon aunque no arreglan nada,
el del coche de atrás está gritando como
una bestia recien enjaulada
ahora mismo sería capaz de estrangular
a cualquiera de su familia que le llevara la contraria
a sus hijos
a su mujer
a su perro
al locutor de la radio por hablar
y se estrangularía a si mismo si pudiera
pero yo no puedo dejar de señalarle y reirme en su cara
como si estuviera viendo comedia,
lo malo es el claxon,
el jodido claxon nos va a reventar los tímpanos a todos.
Con el semaforo en verde no avanzamos nada
y cuando se pone en rojo nos movemos un poco
pero sabemos que no vamos a llegar muy lejos,
entonces la bestia pierde el control y directamente golpea el volante
a puñetazos,
si fuera cine mudo sería un sketch antológico
pero el hijo de puta tiene el claxon en el volante
y nos va a volver locos a todos,
aun asi es gracioso ver como los imbéciles pierden el control,
es gracioso el imbécil cumbre de la evolución
cuando mira volar a los pajaros planeando
por encima del tráfico,
es gracioso ver como se cree mejor que el hombre del pasado
mas preparado y mas listo
solo porque vive mas tiempo
viendo la tele
escuchando musica
o atascado
y cuando no se le acerca ni a la suela del zapato,
puedo poner musica clásica
acompañando las imagenes de destrucción
Wagner para las guerras de la radio
y Bach para las catástrofes naturales como el tráfico en la ciudades;
para el hombre moderno
rabioso
salivando contra los cristales
aporreando el volante atascado en el centro de una ciudad y cuando
el semáforo se pone verde y por fin va a conseguir cruzarlo
frenar delante de él a propósito para que no pase
escuchando una sinfonía de claxon pura de odio y locura
que recorre desde mis oídos hasta el corazon y sale de nuevo estallando
en forma de carcajada
y cuando está a punto de cambiar a rojo
acelero y paso dejándolo parado en el semáforo
y me despido de él
sacando los brazos
mientras
escucho jesus alegria de los hombres de 1723
compuesta casi hace 300 años antes de los últimos exitos de enrique iglesias
que suenan hoy en la radio,
en el cenicero los cigarros apagados tienen las marcas de tus labios
y son las sobras que esperan los perros
ansiosos
fingiendo cara de pena al borde de la mesa,
y te enciendes otro cigarro con la punta del mio
siempre con los pies en la tierra
como si la vida tuviera railes
y cuando llegan los problemas los trazas
como un Ferrari negro con los cristales tintados
y el escudo del caballo encabritado en amarillo
grabado en tu ombligo,
en el fondo de tus pupilas,
y en la punta del cigarro que te enciendes aprovechando el mio
pero no se que le pasa al trafico que no avanza
y no se que le pasa a la gente
que siguen tocando el claxon aunque no arreglan nada,
el del coche de atrás está gritando como
una bestia recien enjaulada
ahora mismo sería capaz de estrangular
a cualquiera de su familia que le llevara la contraria
a sus hijos
a su mujer
a su perro
al locutor de la radio por hablar
y se estrangularía a si mismo si pudiera
pero yo no puedo dejar de señalarle y reirme en su cara
como si estuviera viendo comedia,
lo malo es el claxon,
el jodido claxon nos va a reventar los tímpanos a todos.
Con el semaforo en verde no avanzamos nada
y cuando se pone en rojo nos movemos un poco
pero sabemos que no vamos a llegar muy lejos,
entonces la bestia pierde el control y directamente golpea el volante
a puñetazos,
si fuera cine mudo sería un sketch antológico
pero el hijo de puta tiene el claxon en el volante
y nos va a volver locos a todos,
aun asi es gracioso ver como los imbéciles pierden el control,
es gracioso el imbécil cumbre de la evolución
cuando mira volar a los pajaros planeando
por encima del tráfico,
es gracioso ver como se cree mejor que el hombre del pasado
mas preparado y mas listo
solo porque vive mas tiempo
viendo la tele
escuchando musica
o atascado
y cuando no se le acerca ni a la suela del zapato,
puedo poner musica clásica
acompañando las imagenes de destrucción
Wagner para las guerras de la radio
y Bach para las catástrofes naturales como el tráfico en la ciudades;
para el hombre moderno
rabioso
salivando contra los cristales
aporreando el volante atascado en el centro de una ciudad y cuando
el semáforo se pone verde y por fin va a conseguir cruzarlo
frenar delante de él a propósito para que no pase
escuchando una sinfonía de claxon pura de odio y locura
que recorre desde mis oídos hasta el corazon y sale de nuevo estallando
en forma de carcajada
y cuando está a punto de cambiar a rojo
acelero y paso dejándolo parado en el semáforo
y me despido de él
sacando los brazos
mientras
escucho jesus alegria de los hombres de 1723
compuesta casi hace 300 años antes de los últimos exitos de enrique iglesias
que suenan hoy en la radio,
en el cenicero los cigarros apagados tienen las marcas de tus labios
y son las sobras que esperan los perros
ansiosos
fingiendo cara de pena al borde de la mesa,
y te enciendes otro cigarro con la punta del mio
siempre con los pies en la tierra
como si la vida tuviera railes
y cuando llegan los problemas los trazas
como un Ferrari negro con los cristales tintados
y el escudo del caballo encabritado en amarillo
grabado en tu ombligo,
en el fondo de tus pupilas,
y en la punta del cigarro que te enciendes aprovechando el mio
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