Aprendiendo a vivir

Teo Moran

Poeta fiel al portal
Se desentumecen las sillas vacías,
la cama deshecha y la almohada
quedan derrotadas por la noche,
la lámpara tímidamente se apaga
y la ventana queda entreabierta.
¡Miro alrededor pero no te encuentro!
Hubo un tiempo que tu ausencia
se encuadernó dentro de mi habitación,
tomó para si los besos de mis labios
con los ademanes ingenuos de tu risa,
se apoderó de la sábana desanimada
al borde de nuestra tenue respiración,
pero aún así mi vida subió la persiana
y miró al mundo con los ojos del ayer,
observó a la gente ir bajo los paraguas
con sus pasos presurosos y tristes,
al cielo inclinado vertiendo su dolor
sobre los escaparates que nada venden,
que ofrecen abrazos a cambio de nada,
prometen un mundo para los que nada tienen.
Hubo un tiempo en que descorrí las cortinas
y dejé entrar a la luz del inánime sol,
vi como con sus reflejos daba forma a tu figura
en las arrugas de mi desecha cama,
tantas veces la creí alcanzar con mis manos
que las cerraba y notaba tu blanca piel
y oía escapar un leve suspiro de tu boca,
llegué a creer morir al sentir tanto placer,
al ver tu desnudo cuerpo llegando a mí
y como en tus ojos alcancé a ver otra vida,
que la espera había valido la pena,
que tras tantas derrotas y tantas heridas
contigo a mi lado me sentí un ganador.
Llevo a tu ausencia cada mañana
en las cadencias de un mundo que no espera,
que me empuja a caminar sonámbulo
en medio de un universo que se expande
y es expuesto en los vacíos escaparates
mientras la gente camina en silencio.
 
Se desentumecen las sillas vacías,
la cama deshecha y la almohada
quedan derrotadas por la noche,
la lámpara tímidamente se apaga
y la ventana queda entreabierta.
¡Miro alrededor pero no te encuentro!
Hubo un tiempo que tu ausencia
se encuadernó dentro de mi habitación,
tomó para si los besos de mis labios
con los ademanes ingenuos de tu risa,
se apoderó de la sábana desanimada
al borde de nuestra tenue respiración,
pero aún así mi vida subió la persiana
y miró al mundo con los ojos del ayer,
observó a la gente ir bajo los paraguas
con sus pasos presurosos y tristes,
al cielo inclinado vertiendo su dolor
sobre los escaparates que nada venden,
que ofrecen abrazos a cambio de nada,
prometen un mundo para los que nada tienen.
Hubo un tiempo en que descorrí las cortinas
y dejé entrar a la luz del inánime sol,
vi como con sus reflejos daba forma a tu figura
en las arrugas de mi desecha cama,
tantas veces la creí alcanzar con mis manos
que las cerraba y notaba tu blanca piel
y oía escapar un leve suspiro de tu boca,
llegué a creer morir al sentir tanto placer,
al ver tu desnudo cuerpo llegando a mí
y como en tus ojos alcancé a ver otra vida,
que la espera había valido la pena,
que tras tantas derrotas y tantas heridas
contigo a mi lado me sentí un ganador.
Llevo a tu ausencia cada mañana
en las cadencias de un mundo que no espera,
que me empuja a caminar sonámbulo
en medio de un universo que se expande
y es expuesto en los vacíos escaparates
mientras la gente camina en silencio.
Bella melancolía de la ausencia enmarcada en un universo poético rico en sugerentes imágenes y certeras ideas que me atrapan sin remedio. Me ha gustado mucho amigo Teo. Un abrazo. Paco.
 

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