GEORTRIZIA
♥Niña de los besos rosas♥
Tener hambre cuando ya cenaste,
dicen que no es motivo para robar,
lo dice el que tiene las llaves de la cocina,
así hasta yo lo diría.
No se debe robar,
(no de la manera brusca y obvia...)
no de esa manera desconsiderada.
Decían los adultos cuando yo era pequeña,
-no robes,
si tienes hambre, pide.
Aquella cocina estaba sola,
llena de comida,
y nosotros por escapar un momento de aquel internado,
nos habíamos quedado sin cenar,
¡Que hambre teníamos mis amigos y yo!
No era suficiente esperar hasta el desayuno del siguiente día
gruñían las tripas.
El hambre es canija,
lo se.
Entre por la ventana que estaba detrás de la cocina,
una pequeña ventana,
donde para llegar a ella tuve que escalar,
el cuerpo del más alto de mis compañeros,
185 cm de altura más los 60 centímetros de la silla
sobre la que estaba,
que por cierto alguien se robo de la cafetería.
Fui la que eligieron esa vez,
por ser la más delgada y ágil,
mi amigo entro también,
quien me enseñaría a robar sin dejar rastro,
más aquella noche oscura,
aprovechábamos que se había cortado la luz eléctrica.
El guardia estaba siendo distraído por dos chicas,
dos de mis mas coquetas compañeras.
que casi se prostituían por hacer tiempo.
Aquella noche lluviosa,
tras esa ventanita tan alta,
me enseñaron a no dejar huellas,
a limpiar el lodo de mis pasos,
y a robar de poco en poco
para que nadie se diera cuenta nunca.
Robar no es fácil,
también se aprende.
No se me quito el hambre,
por que tuvimos que compartir un melón
y una barra de pan entre los seis que eramos.
Pero aprendí a robar y
eso es suficiente.
Por lo menos para la siguiente fuga que nos demos.
dicen que no es motivo para robar,
lo dice el que tiene las llaves de la cocina,
así hasta yo lo diría.
No se debe robar,
(no de la manera brusca y obvia...)
no de esa manera desconsiderada.
Decían los adultos cuando yo era pequeña,
-no robes,
si tienes hambre, pide.
Aquella cocina estaba sola,
llena de comida,
y nosotros por escapar un momento de aquel internado,
nos habíamos quedado sin cenar,
¡Que hambre teníamos mis amigos y yo!
No era suficiente esperar hasta el desayuno del siguiente día
gruñían las tripas.
El hambre es canija,
lo se.
Entre por la ventana que estaba detrás de la cocina,
una pequeña ventana,
donde para llegar a ella tuve que escalar,
el cuerpo del más alto de mis compañeros,
185 cm de altura más los 60 centímetros de la silla
sobre la que estaba,
que por cierto alguien se robo de la cafetería.
Fui la que eligieron esa vez,
por ser la más delgada y ágil,
mi amigo entro también,
quien me enseñaría a robar sin dejar rastro,
más aquella noche oscura,
aprovechábamos que se había cortado la luz eléctrica.
El guardia estaba siendo distraído por dos chicas,
dos de mis mas coquetas compañeras.
que casi se prostituían por hacer tiempo.
Aquella noche lluviosa,
tras esa ventanita tan alta,
me enseñaron a no dejar huellas,
a limpiar el lodo de mis pasos,
y a robar de poco en poco
para que nadie se diera cuenta nunca.
Robar no es fácil,
también se aprende.
No se me quito el hambre,
por que tuvimos que compartir un melón
y una barra de pan entre los seis que eramos.
Pero aprendí a robar y
eso es suficiente.
Por lo menos para la siguiente fuga que nos demos.
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