Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Aprendizaje
(el espejo desgarrado de nuestra cicatriz)
I
La Gran Parrilla Televisiva
(el espejo desgarrado de nuestra cicatriz)
I
La Gran Parrilla Televisiva
y la estrechó tiernamente entre sus brazos y le dijo al oído: -¿probaste la nueva Merd con hidrocarburos polihidratantes y un mix con todas las vitaminas que tu cuerpo necesita para sentirse saludable? Un jabón espumoso surcó el cielo nocturno dejando un rastro de burbujas. Estambres como de arpa. Ella sonrío acodada en el barandal, su cuerpo se estremecía como el cuerpo del nuevo chocolate crocante Balbuci con extractos de uvas frescas finamente seleccionadas por artesanos puritanos de oriente. Invisible. Ella quiso ir al shopping, el mancebo la acompañó exultado y extático por las pasarelas de estrellas muertas. De los espejos de agua brotaron estambres de lianas manadas por impúdicos cupidos, estos orlaban el predio dándole un aspecto lisonjero y familiar. Tiraron una moneda a la fuente. los dóciles corderos atizaron el fuego y una luz de fanal en la faena . La suerte fue consumida y almacenada en erubescentes escafandras.
II
es un secreto sobre pájaros, no se lo cuentes al callejón
entonces, así están las cosas, una cereza esplendente envuelta en rojizas nieblas
refulgentes
se encuentra postrada sobre la mesita de luz. Todos los días la miras al levantarte,
y piensas, entre las sábanas todavía azures, en recogerla con un mordisco de amor.
Terminas por irte al trabajo. dejándola inerte sobre la mesita de luz.
III
Zahir Genital
Un inmenso globo aerostático bombardea las huertas mediante proyectiles transgénicos.
Abajo, gentes con cabeza de mate vespertino recogen los agostos, tararean barcarolas
mientras colman las colmadas banastas. Miran al cielo, ellos,
los rimbombantes saltimbanquis y sólo ven un dios insuflado y jubiloso.
La naturaleza es una herramienta, pero ante todo es nuestra tierra.
Zahir Genital.
Zahir Genital
Un inmenso globo aerostático bombardea las huertas mediante proyectiles transgénicos.
Abajo, gentes con cabeza de mate vespertino recogen los agostos, tararean barcarolas
mientras colman las colmadas banastas. Miran al cielo, ellos,
los rimbombantes saltimbanquis y sólo ven un dios insuflado y jubiloso.
La naturaleza es una herramienta, pero ante todo es nuestra tierra.
Zahir Genital.
IV
Hamacas
Un niño crece y se le enseña a amar el astracán.
La madre lo mece
en crisálidas hamacas y el niño, tierno y errabundo, sólo ve sacrificio
en el Blasón maternal.
Luego crece de repente, porque, seamos sinceros,
todos crecemos alguna vez. Nos cuestan tanto algunas cosas, la vida cándida y golmaja
trocada
por los tambores de los cuerpos y la apariencia del atabal.
El niño termina que caer de la hamaca. La apoteosis ha derrapado
en su punto culmine y ahora el ángel se revuelca
malherido
como un soldado sólo amado por las alcancías de astracán.
la cultura del oropel no nos fortalecerá
Ya vino el Equinoccio oculto y frío Nadir. Presumimos el arenero
como un precioso sepulcro urañado en sagú. Niño- Soldado. Simbiótico y Estipulado.
Al Niño- Soldado
le han enseñado el arte de morir.
V
Watch the parking meter
Brincando sobre metrópolis de algodón el gnomo pomposo cava un hoyo cultivando un inescrupuloso bisbiseo. Ya lo dijeron los Helenos.
Una caña crece junto a la orillas del río y devela el misterio
bajo el gorro frigio. Pronto los pueblos sabrán la verdad del barbero.
Hamacas
Un niño crece y se le enseña a amar el astracán.
La madre lo mece
en crisálidas hamacas y el niño, tierno y errabundo, sólo ve sacrificio
en el Blasón maternal.
Luego crece de repente, porque, seamos sinceros,
todos crecemos alguna vez. Nos cuestan tanto algunas cosas, la vida cándida y golmaja
trocada
por los tambores de los cuerpos y la apariencia del atabal.
El niño termina que caer de la hamaca. La apoteosis ha derrapado
en su punto culmine y ahora el ángel se revuelca
malherido
como un soldado sólo amado por las alcancías de astracán.
la cultura del oropel no nos fortalecerá
Ya vino el Equinoccio oculto y frío Nadir. Presumimos el arenero
como un precioso sepulcro urañado en sagú. Niño- Soldado. Simbiótico y Estipulado.
Al Niño- Soldado
le han enseñado el arte de morir.
V
Watch the parking meter
Brincando sobre metrópolis de algodón el gnomo pomposo cava un hoyo cultivando un inescrupuloso bisbiseo. Ya lo dijeron los Helenos.
Una caña crece junto a la orillas del río y devela el misterio
bajo el gorro frigio. Pronto los pueblos sabrán la verdad del barbero.
*historia de Midas (mitología griega), el rey Midas ocultaba sus orejas de burro bajo el gorro. Don`t follow leader/ Watch the parking meter, Homesick Blues, Bob Dylan.
VI
la herida de la hiena
Hay un estúpido mentecato circundando
la sabana Africana.
Vive en termiteros y vive como canes
sonajeros.
no son buitres ni chacales
-.nictálope.-
Aparta la niebla pulverulenta
mientras intuyas la corneja volando en dirección siniestra.
¡Apártate pulverulenta!
todos tenemos una herida y suturas de ataujías
VII
BAR
la herida de la hiena
Hay un estúpido mentecato circundando
la sabana Africana.
Vive en termiteros y vive como canes
sonajeros.
no son buitres ni chacales
-.nictálope.-
y al subir el sol, canica autofloculándose, se desprenden de los árboles el deseo y la persuasión, canícula embriagante de Ganímedes y Enopión.
Aparta la niebla pulverulenta
mientras intuyas la corneja volando en dirección siniestra.
¡Apártate pulverulenta!
todos tenemos una herida y suturas de ataujías
VII
BAR
Escapo por la puerta trasera hacia un oscuro callejón, es tarde, barriles etílicos bailan junto a payasos desmaquillados cuando de repente la niebla se hace espesa y extrañamente saporífera, mhhh, pan recién horneado. El piso empedrado comienza a segregar un líquido blanco y la puerta de escape arde en llamaradas verdes e inhóspitas. Los payasos esconden el rito el pizco y el grito y se me quedan mirando. Siempre mirando. Esperando que un sulki alado los busque para llevarlos a la estancia meseguera y nefelibata. O un buque. ( ) Un gato metálico roba una cabeza de pescado desde un cuba y ahora se pasea, galante, moliendo la ciudad entre sus pequeños colmillos. Todos miramos al gato. Amando el signo de Muerte. Una histriónica pantomima se estrella sobre el sibilino callejón, el bar palpita yuxtapuesto como un semáforo demoníaco y al borde de mis zapatos los labios del abismo Del otro lado de la vereda una mujer amarilla nos espera bajo la lluvia y bajo la atmósfera mustia y gris, su cuerpo emite una débil señal electromagnética. La vida pasa por su lado y ella mirándola se arroba en la contemplación. Tan débil como ingenua, la princesa de la lluvia, le devuelve el ósculo partido a la Muerte, la Muerte le devuelve el ósculo a la chica. Los payasos no entendiendo absolutamente nada del amor los miran patitiesos, se observan tras sus gafas y con una mueca sarcástica vuelven a la orquesta. Encienden con paja el fondo áspero y ascuaza de un tonel y, retoman sus instrumentos báquicos, por citar algún ejemplo, el evohé.
VIII
a los poetas
a los poetas nos encantan las palabras
encontramos en ellas todas las utopías y mundos
soñamos con usarlas y darles vida
vivimos del gran sueño dentro de los sueños
existimos en nuestras manos y sobre el revolver de la vida
poetas somos por nuestros pasos, a los poetas, no por los grafos
IX
Nos enseñaron a amar un ideal de bienestar y felicidad.
La eterna epifanía de consumir más y aún más. Y ojo, el sistema no nos induce ni
increpa, no es un ente aparte, en todo caso somos parte
de este conciliábulo. Y vendemos y compramos, y nos inspira
el sexo y el poder, pero todo esto es en vano, nunca nada nos complace
por que en efecto nuestro intento es vacuo. Impepinablemente
yo creo en la felicidad, cuando comparto y no espero recibir, cuando
camino y no tengo donde ir, cuando las pequeñas cosas se tornan
inconmensurables. (Y las clemátides me hurtan en sueños.)
La luminotecnia nos afiligranó el cerebro, ¿pero para qué los pálidos reflejos cuando
se tiene la homilía del Sol? Y ojo, no me opugno al progreso mientras éste
no se semeje a un lupanar, pero sucede, ciertamente, que un urogallo orbicular
maneja nuestra ubicuidad. Las cosas etiquetadas y escalonadas.
A veces se me da por vomitar y mientras mi tierno agracejo da vueltas
en el excusado, serpientes escorpiones y ciempiés damasquinado, me saludan
como agoreros animálculos; piensa piensa piensa piensa, ésta lid ésta yesca
ésta mal zurcida égida y éste banyo, ¿no crees que merecen otra oportunidad?
a los poetas
a los poetas nos encantan las palabras
encontramos en ellas todas las utopías y mundos
soñamos con usarlas y darles vida
vivimos del gran sueño dentro de los sueños
existimos en nuestras manos y sobre el revolver de la vida
poetas somos por nuestros pasos, a los poetas, no por los grafos
IX
Nos enseñaron a amar un ideal de bienestar y felicidad.
La eterna epifanía de consumir más y aún más. Y ojo, el sistema no nos induce ni
increpa, no es un ente aparte, en todo caso somos parte
de este conciliábulo. Y vendemos y compramos, y nos inspira
el sexo y el poder, pero todo esto es en vano, nunca nada nos complace
por que en efecto nuestro intento es vacuo. Impepinablemente
yo creo en la felicidad, cuando comparto y no espero recibir, cuando
camino y no tengo donde ir, cuando las pequeñas cosas se tornan
inconmensurables. (Y las clemátides me hurtan en sueños.)
La luminotecnia nos afiligranó el cerebro, ¿pero para qué los pálidos reflejos cuando
se tiene la homilía del Sol? Y ojo, no me opugno al progreso mientras éste
no se semeje a un lupanar, pero sucede, ciertamente, que un urogallo orbicular
maneja nuestra ubicuidad. Las cosas etiquetadas y escalonadas.
A veces se me da por vomitar y mientras mi tierno agracejo da vueltas
en el excusado, serpientes escorpiones y ciempiés damasquinado, me saludan
como agoreros animálculos; piensa piensa piensa piensa, ésta lid ésta yesca
ésta mal zurcida égida y éste banyo, ¿no crees que merecen otra oportunidad?