Rodrigo del Río
El cazador de sueños.
Antes de que llegaras vida
todo era tierra y costra
polvorín reseco y sin vida.
Tinieblas, azufre y fuego.
El grandioso Señor Nibirú
vino y trajo tragedia,
trajo el desgarro de Tiamat
y en su venida trajo destrucción.
Muchos inclinaron sus rodillas
ante el grandioso, el del cruce
viajero del tiempo;
pero otros como La bella Tiamat,
pensó que lo doblegaría,
que su belleza bastaría.
No fue así, pues el gigante
se avalanzó sobre ella y la atravesó;
la partió en dos.
Una parte quedó reducida a rocas y
la otra vino a cobijarse con la madre.
La noche se iluminó con su venida.
El gran Nibirú mostró su poder
al quitarle su velo a Kingú, la bella luna
y luego se marchó.
Y como una invasión desde la noche
llegaste,
fluído azulado, liquido bendito
y junto contigo trajiste semillas de vida.
Ese fue nuestro origen.
La del séptimo planeta y ...
la del hombre.
Así esta escrito en las tablillas del tiempo,
en la sabiduría antigua
de los Cabezas negras.
Debemos cuidarte, dador de vida,
Pues no habrá alguien como tú.
Tú que trasmutas los elementos.
Te haces lluvia, te haces hielo
y en los celajes del cielo
tu vapor es nube.
Tu que conjugas a la mar y a las montañas.
Somos tu ciclo vital
¿Te merecemos?
Rodrigo del Río