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Aquel día

penabad57

Poeta veterano en el portal
Miércoles, 15 de abril
cuando en la radio de Rosa
suena el ángelus.

Mediodía, tan lleno de luz,
los ventanales,
traslúcidos,
son como acuarios
de claridad.

En mi mano un libro de Bataille
- me atrae su mística,
el ausentarse de la piel
para recorrer los submundos del alma-,
lo compré el lunes
en una librería de viejo,
sin saber
qué
encontraría
entre sus páginas.

A la habitación llegan todos los sonidos de la calle:
el tráfico,
voces de amigos que se saludan,
un claxon,
el grito de una madre que riñe a su hija.

Es tan cotidiano
este día de abril
en
que
la
lluvia
por, una vez, se ausenta.

El cielo, intensamente azul,
un perfume de magnolio
-tenue, sutil-
entra por la ventana
desde el jardín de Paula.

Hoy que no he querido ir a la facultad,
no sé si por cansancio,
rebelión
o quién sabe,
lo último que esperaba era ver a mi cuñado.

El timbre,
estridente como un chirriar de uñas en el cristal,
rompió la monotonía de la mañana.

“Hola, Ramón”
-dijo Uxío-.

¿Qué haces tú aquí”
-le respondo-.

“Tu hermana está abajo en el coche,
nos vamos a Coruña, hay malas noticias”

“A qué te refieres”- le inquiero.

“Ya te lo dirá ella”.

Me vestí todo lo rápido que pude y bajamos.

“Papá tiene cáncer”– dijo, Elena, entre sollozos-.

No sabía
que en ese momento
el mundo cambiaría para mí.

A los dieciocho años,
estudiante,
un niño aún en muchas cosas,
debía enfrentarme a la vida,
madurar,
ser un hombre
ya para siempre.
 
Última edición:
Miércoles, 15 de abril
cuando en la radio de Rosa
suena el ángelus.

Mediodía, tan lleno de luz,
los ventanales,
traslúcidos,
son como acuarios
de claridad.

En mi mano un libro de Bataille
- me atrae su mística,
el ausentarse
de
la
piel
para recorrer los submundos del alma-,
lo compré el lunes
en una librería de viejo,
sin saber
qué
encontraría
entre sus páginas.

A la habitación llegan todos los sonidos de la calle:
el tráfico,
voces de amigos que se saludan,
un claxon,
el grito de una madre que riñe a su hija.

Es tan cotidiano
este día de abril
en
que
la
lluvia
por, una vez, se ausenta.

El cielo, intensamente azul,
un perfume de magnolio
-tenue, sutil-
entra por la ventana
desde el jardín de Paula.

Hoy
que
no
he
querido ir a la facultad,
no sé si por cansancio,
rebelión
o quién sabe,
lo último que esperaba era ver a mi cuñado.

El timbre,
estridente como un chirriar de uñas en el cristal,
rompió la monotonía de la mañana.

“Hola, Ramón”
-dijo Uxío-.

¿Qué haces tú aquí”
-le respondo-.

“Tu hermana está abajo en el coche,
nos vamos a Coruña, hay malas noticias”.

“A qué te refieres”- le inquiero.

“Ya te lo dirá ella”.

Me vestí todo lo rápido que pude y bajamos.

“Papá tiene cáncer” – dijo, Elena, entre sollozos-.

No sabía
que en ese momento
el mundo
cambiaría
para mí.

A
los
dieciocho
años,
estudiante,
un niño aún
en muchas cosas,
debía enfrentarme a la vida,
madurar,
ser
un
hombre
ya
para
siempre.

Tienes la calidad de un escritor famoso, Penabad. La verdad, Magistral. Doloroso recibir una noticia que rompe de tajo la vida en dos
a una edad tan temprana. Increíble y maravillosa la manera como la plasmas, de una manera tan fotográfica, a pesar del tiempo transcurrido,
eso pone a la luz el impacto tan grande en tu vida. Mi más sincero sentimiento de consuelo para tí, porque sé lo que significa el dolor que sentiste. Y mi admiración profunda a tu manera de plasmarlo en este magnífico trabajo, que merece el respeto de todos.
Un abrazo, Penabad, cuídate mucho.
Azalea.
 
Tienes la calidad de un escritor famoso, Penabad. La verdad, Magistral. Doloroso recibir una noticia que rompe de tajo la vida en dos
a una edad tan temprana. Increíble y maravillosa la manera como la plasmas, de una manera tan fotográfica, a pesar del tiempo transcurrido,
eso pone a la luz el impacto tan grande en tu vida. Mi más sincero sentimiento de consuelo para tí, porque sé lo que significa el dolor que sentiste. Y mi admiración profunda a tu manera de plasmarlo en este magnífico trabajo, que merece el respeto de todos.
Un abrazo, Penabad, cuídate mucho.
Azalea.
Muchas gracias por la generosidad de tus palabras, Azalea. Un abrazo.
 
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