Juan Manuel Botero Arias
Poeta recién llegado
Aquella agria ebriedad...donde las tensiones se alargaban como cuerdas transparentes y el fragor insatisfecho clamaba suspendido en los desaires de un adiós lacerante.
Nos ocultábamos en las esquinas que eran acariciadas por un pobre y delicado manto de luz de los tímidos faroles, y ahí estábamos, fundidos ante el calor ominoso de la ebriedad desbordada...ebriedad tambaleante y cegadora, desvelas verdades execrables que derriban como dardos fulminantes, confesiones que surgen como oprobios imperecederos, confesiones que evidencian, que solo soy para ella un atisbo de soplo árido en el viento débil.
Nos ocultábamos en las esquinas que eran acariciadas por un pobre y delicado manto de luz de los tímidos faroles, y ahí estábamos, fundidos ante el calor ominoso de la ebriedad desbordada...ebriedad tambaleante y cegadora, desvelas verdades execrables que derriban como dardos fulminantes, confesiones que surgen como oprobios imperecederos, confesiones que evidencian, que solo soy para ella un atisbo de soplo árido en el viento débil.