Uqbar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Árbol amueblado de caderas bajas.
Sorprendente femineidad convergiendo
en el silencio rebosado de Socotra.
Transporta ritos desmemoriando cantos.
Inmóvil bajo la calidez del viento.
Ahora soy tú auscultando piedras,
me llega el latido de tus olas
a pizzicatos galopantes van vistiéndose de largo.
Novias inquietas ante el altar.
Estela plateada de nimbos, abrigadas al azul de tu reflejo.
Tumulto en mis oídos.
Despierto.
Cruje otra vez el suelo con cualquier sonido.
Vuelvo a mí.
Dejo atrás el trapecio
para asirme a esas alas peregrinas.
Tus ramas no cobijan
pero me cambiaré de nombre,
para empezar de nueva.
Sorprendente femineidad convergiendo
en el silencio rebosado de Socotra.
Transporta ritos desmemoriando cantos.
Inmóvil bajo la calidez del viento.
Ahora soy tú auscultando piedras,
me llega el latido de tus olas
a pizzicatos galopantes van vistiéndose de largo.
Novias inquietas ante el altar.
Estela plateada de nimbos, abrigadas al azul de tu reflejo.
Tumulto en mis oídos.
Despierto.
Cruje otra vez el suelo con cualquier sonido.
Vuelvo a mí.
Dejo atrás el trapecio
para asirme a esas alas peregrinas.
Tus ramas no cobijan
pero me cambiaré de nombre,
para empezar de nueva.