Javi C.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desnudar mediante la palabra es del todo irrenunciable,
lo que una mirada no logra abarcar, la belleza inescrutable.
Bien merece ser cumplida la utopía, y cual manifiesto firmado,
el caos de la locura sea, por todo poeta, en el alma impregnado.
Es lance obligado despedazar la morada de la razón,
allanar al mundano corazón, para más allá de toda condición
ver la luz que se oculta tras las estrellas;
desenmascarar al ser humano de sus miserias
enalteciendo sus grandezas.
Ser rebelde sin causa, despojarse de mediocres vestimentas,
y, aun a sabiendas que la meta no será cruzada,
sentirse a sólo un paso, cercano y tan lejano
del todo y lo infinito, de la nada y el vacío.
Que bien lo merece la odisea:
la aventura de conquistar plazas imaginarias,
erigir castillos de letras que se desvanezcan junto al viento y las mareas;
volar con alas, aun cortadas, a ciudades jamás soñadas.
Prolonguemos el grito que Ulises lanzó a las barbas
del ciego cíclope Polifemo a quien, una vez burlado, proclamó:
¡Mi nombre es nadie!
Que los versos, inmortales, perennes, renazcan por siempre.
Alcemos por única bandera nuestras armas de poeta.
Embarquémonos en un viaje sin retorno, y
emulando a héroe tan humano,
gritemos:
¡Mi nombre es poesía!
lo que una mirada no logra abarcar, la belleza inescrutable.
Bien merece ser cumplida la utopía, y cual manifiesto firmado,
el caos de la locura sea, por todo poeta, en el alma impregnado.
Es lance obligado despedazar la morada de la razón,
allanar al mundano corazón, para más allá de toda condición
ver la luz que se oculta tras las estrellas;
desenmascarar al ser humano de sus miserias
enalteciendo sus grandezas.
Ser rebelde sin causa, despojarse de mediocres vestimentas,
y, aun a sabiendas que la meta no será cruzada,
sentirse a sólo un paso, cercano y tan lejano
del todo y lo infinito, de la nada y el vacío.
Que bien lo merece la odisea:
la aventura de conquistar plazas imaginarias,
erigir castillos de letras que se desvanezcan junto al viento y las mareas;
volar con alas, aun cortadas, a ciudades jamás soñadas.
Prolonguemos el grito que Ulises lanzó a las barbas
del ciego cíclope Polifemo a quien, una vez burlado, proclamó:
¡Mi nombre es nadie!
Que los versos, inmortales, perennes, renazcan por siempre.
Alcemos por única bandera nuestras armas de poeta.
Embarquémonos en un viaje sin retorno, y
emulando a héroe tan humano,
gritemos:
¡Mi nombre es poesía!
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::muchísimas gracias Gaby...sí naveguemos...y más con tan grata compañia...y deliremos!!...un fortísimo abrazo...me alegra te gustasen mis letras....por cierto envidia sana sentí de veros allí en Argentina... a ti, Lorena, Brujo......
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::cielos liz!!...qué palabras me dejaste!...te lo agradezco de todo corazón amiga..me dejaste mudo:
: y colorado::