Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Aromas sin sabor
El hombre trasciende
no por lo que es,
sino por lo que puede saber.
La cultura es una pausa
en el devenir de ese ser;
pausa necesaria para consolidar
la sabiduría y el conocimiento.
Tal es la forma de la cultura,
que despierta esa sabiduría,
y se convierte a la vez en su verdugo.
La cultura se aprende,
la filosofía experimenta,
la sabiduría conoce.
En un principio parecía
provenir todo del agua.
Las sombras, y sus tamaños diferentes
eran matemáticas oscuras.
Una idea permanente de elementos
se agolpaban en la mente previsiva,
intentando descubrir los fundamentos
de lo que ahora es ciencia conocida.
Demócrito mención hizo del átomo.
Filósofo de antaño y maestro de otro estilo,
que puso su verdad indivisible
creyendo que ese padre ineludible
sin hijos laboraba sólo autónomo.
Hoy se cree que soluciones
imposibles no probables por la cuántica,
sólo son hipótesis y ecuaciones
que se pierden modulando la semántica.
Cuando el cero estaba aún dormido
era el uno rey en matemáticas;
mientras nada fue contable y excesivo
quedó el uno relegado a la mecánica.
Ahora dicen que la e, y la i con sus motivos,
son complejos de ilusiones automáticas
cuyo fin es sólo informativo;
y creí que en todo número había una práctica.
Por eso el universo me confunde
como al niño en la noche más cerrada,
donde luces nos muestran sus candiles
si la luna dijo adiós y hasta mañana.
¡Cuánto padre hay allá en las alturas!,
que nos habla en esa noche iluminada;
cuánto sol igual a sol,
y cuantas otras serán futuras
diosas reinas de su amor,
que dejando un eco llamarada
son del cero la única estación.
Los jóvenes olvidan el origen
y creen que el juego, si es paterno,
tendrá la sangre en colorines
adaptada al botón que es subalterno.
Y piensan que la vida es fortuita
porque ven que quien mata a cualquier fiera,
en su derecho está con su quimera
si en su deber la hazaña es gratuita.
Nunca antes hubo tan poca conciencia
ni nadie vio como ahora se nos muestra,
lo que es una santa conveniencia
en el lucro capital que los secuestra.
Todo son alegrías de la huerta,
la protesta va mal encaminada
pese al groso disparate en las encuestas;
cuando tantos son los indignados,
no por muchos son falsos los pecados,
sino por estar las mentes tan desiertas,
que pidiendo la boca alimentada
lo que quiere es un retorno hacia el pasado.
Se asustan si les hablas lo evidente
porque observan al demonio del dolor;
y se dan con un canto de acusado,
y se sienten maltratados sin razón.
Pero aún hay algunos suficientes
aprobados con la luz de pundonor,
que comprenden del error de los errados
y se encierran en su alma de algodón.
¡Despertad hermanos vientos!,
y dejad esas campiñas de salón,
que requieren vuestra vida y vuestros brazos,
unos aires con aromas sin sabor.
El hombre trasciende
no por lo que es,
sino por lo que puede saber.
La cultura es una pausa
en el devenir de ese ser;
pausa necesaria para consolidar
la sabiduría y el conocimiento.
Tal es la forma de la cultura,
que despierta esa sabiduría,
y se convierte a la vez en su verdugo.
La cultura se aprende,
la filosofía experimenta,
la sabiduría conoce.
En un principio parecía
provenir todo del agua.
Las sombras, y sus tamaños diferentes
eran matemáticas oscuras.
Una idea permanente de elementos
se agolpaban en la mente previsiva,
intentando descubrir los fundamentos
de lo que ahora es ciencia conocida.
Demócrito mención hizo del átomo.
Filósofo de antaño y maestro de otro estilo,
que puso su verdad indivisible
creyendo que ese padre ineludible
sin hijos laboraba sólo autónomo.
Hoy se cree que soluciones
imposibles no probables por la cuántica,
sólo son hipótesis y ecuaciones
que se pierden modulando la semántica.
Cuando el cero estaba aún dormido
era el uno rey en matemáticas;
mientras nada fue contable y excesivo
quedó el uno relegado a la mecánica.
Ahora dicen que la e, y la i con sus motivos,
son complejos de ilusiones automáticas
cuyo fin es sólo informativo;
y creí que en todo número había una práctica.
Por eso el universo me confunde
como al niño en la noche más cerrada,
donde luces nos muestran sus candiles
si la luna dijo adiós y hasta mañana.
¡Cuánto padre hay allá en las alturas!,
que nos habla en esa noche iluminada;
cuánto sol igual a sol,
y cuantas otras serán futuras
diosas reinas de su amor,
que dejando un eco llamarada
son del cero la única estación.
Los jóvenes olvidan el origen
y creen que el juego, si es paterno,
tendrá la sangre en colorines
adaptada al botón que es subalterno.
Y piensan que la vida es fortuita
porque ven que quien mata a cualquier fiera,
en su derecho está con su quimera
si en su deber la hazaña es gratuita.
Nunca antes hubo tan poca conciencia
ni nadie vio como ahora se nos muestra,
lo que es una santa conveniencia
en el lucro capital que los secuestra.
Todo son alegrías de la huerta,
la protesta va mal encaminada
pese al groso disparate en las encuestas;
cuando tantos son los indignados,
no por muchos son falsos los pecados,
sino por estar las mentes tan desiertas,
que pidiendo la boca alimentada
lo que quiere es un retorno hacia el pasado.
Se asustan si les hablas lo evidente
porque observan al demonio del dolor;
y se dan con un canto de acusado,
y se sienten maltratados sin razón.
Pero aún hay algunos suficientes
aprobados con la luz de pundonor,
que comprenden del error de los errados
y se encierran en su alma de algodón.
¡Despertad hermanos vientos!,
y dejad esas campiñas de salón,
que requieren vuestra vida y vuestros brazos,
unos aires con aromas sin sabor.
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