Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Artillero a las nueve,
volador en castillo;
malherido en metralla
se desangra dolido.
Nada queda a su lado,
sólo cuerpos vacíos;
sólo humores de guerra,
de dolor y de hastío.
Blanco muerto alemanes,
al rugir del motor.
Plomo vil que va y viene
sobre su fiel cañón.
Los casquillos se agolpan!
El hedor de las heces!
Infernal beso frío,
que la mascara crece...
Queda ya solitario,
y en la sangre sus manos,
sienten la fortaleza
caer de medio lado.
Y asido a su cincuenta,
derretida la mira,
destrozó mil las alas
de los "kraus" en la huida!
Ataúd de su suerte,
deja tras de si el fuego
de su larga caída,
hasta Holanda su suelo.
Campo en su colorido
de los mil tulipanes:
cementerio de almas
y abatidas las naves!
Artillero a las nueve
se durmió entre los brazos
de una extraña belleza
que intentara ayudarlo...
Porque así terminó
de mi ser luz otrora,
alcanzando la gloria
bajo el cielo de Europa!
volador en castillo;
malherido en metralla
se desangra dolido.
Nada queda a su lado,
sólo cuerpos vacíos;
sólo humores de guerra,
de dolor y de hastío.
Blanco muerto alemanes,
al rugir del motor.
Plomo vil que va y viene
sobre su fiel cañón.
Los casquillos se agolpan!
El hedor de las heces!
Infernal beso frío,
que la mascara crece...
Queda ya solitario,
y en la sangre sus manos,
sienten la fortaleza
caer de medio lado.
Y asido a su cincuenta,
derretida la mira,
destrozó mil las alas
de los "kraus" en la huida!
Ataúd de su suerte,
deja tras de si el fuego
de su larga caída,
hasta Holanda su suelo.
Campo en su colorido
de los mil tulipanes:
cementerio de almas
y abatidas las naves!
Artillero a las nueve
se durmió entre los brazos
de una extraña belleza
que intentara ayudarlo...
Porque así terminó
de mi ser luz otrora,
alcanzando la gloria
bajo el cielo de Europa!