Álex Hernández
Poeta recién llegado
No era una mujer de aquellas:
la he visto escalar montañas
con las manos.
No era mujer de alguien,
su existencia era solo suya
y de su madre.
La he visto morderse la lengua por capricho
ocultar su cara con su pelo,
acariciarse las rodillas
con sus dedos
hundirse mar adentro siguiendo
la costura de su frente.
La he visto hacerse la fuerte
mientras rebautiza cicatrices;
acariciarse la flor y
ponerle nombre al amor que necesita.
También la he visto
llorar más de la cuenta;
castigarse sucia
y quererse humana.
La he visto volverse pájaro
negro y hacer una revolución
cuando sonríe.
Así es ella
y así la describo.
— Álex Hernández
la he visto escalar montañas
con las manos.
No era mujer de alguien,
su existencia era solo suya
y de su madre.
La he visto morderse la lengua por capricho
ocultar su cara con su pelo,
acariciarse las rodillas
con sus dedos
hundirse mar adentro siguiendo
la costura de su frente.
La he visto hacerse la fuerte
mientras rebautiza cicatrices;
acariciarse la flor y
ponerle nombre al amor que necesita.
También la he visto
llorar más de la cuenta;
castigarse sucia
y quererse humana.
La he visto volverse pájaro
negro y hacer una revolución
cuando sonríe.
Así es ella
y así la describo.
— Álex Hernández