Gaspar José Jover Polo
Poeta recién llegado
REDACCIÓN: ASÍ ES MI PUEBLO
No es un sitio maravilloso,
ni siquiera es algo menos que maravilloso,
aunque aderezado, eso sí,
con muchas horas de sol
cada año.
El complejo de edificios
que tienen dos o tres plantas
bajo el tejado marrón ceniciento
y en ciertas partes musgoso,
forma en torno de la peña,
de roca muy muy lavada
por la lluvia de primavera y otoño,
pero no sigue en conjunto
un orden férreo, coherente,
como trazado en un plano,
sino que se adapta al piso
y ofrece algunos ensanches
pintorescos e imprevistos
y algún breve estrechamiento,
escalones y desniveles sin número.
Porque cada pueblo luce
una propia geografía, y yo tengo aquí mi pueblo,
asentado en una loma,
a lomos de un promontorio.
Y, allá, en la media distancia,
más corre un río de autos
brillantes por la autopista
que un arroyo cristalino,
pues baja un caudal escaso.
El pueblo se da a su gente
pero mantiene una pose
distinta, característica,
una unidad en sus perfiles
más físicos y afilados
alrededor de un castillo.
Aquí, por estar en alto,
corre fuerte por las calles
en oleadas el viento
varias semanas al año.
El firme suelo, de pronto,
se precipita en cascadas
de piedra limpia y pulida,
y el casco viejo se adapta
también a este contratiempo.
Gaspar Jover Polo
No es un sitio maravilloso,
ni siquiera es algo menos que maravilloso,
aunque aderezado, eso sí,
con muchas horas de sol
cada año.
El complejo de edificios
que tienen dos o tres plantas
bajo el tejado marrón ceniciento
y en ciertas partes musgoso,
forma en torno de la peña,
de roca muy muy lavada
por la lluvia de primavera y otoño,
pero no sigue en conjunto
un orden férreo, coherente,
como trazado en un plano,
sino que se adapta al piso
y ofrece algunos ensanches
pintorescos e imprevistos
y algún breve estrechamiento,
escalones y desniveles sin número.
Porque cada pueblo luce
una propia geografía, y yo tengo aquí mi pueblo,
asentado en una loma,
a lomos de un promontorio.
Y, allá, en la media distancia,
más corre un río de autos
brillantes por la autopista
que un arroyo cristalino,
pues baja un caudal escaso.
El pueblo se da a su gente
pero mantiene una pose
distinta, característica,
una unidad en sus perfiles
más físicos y afilados
alrededor de un castillo.
Aquí, por estar en alto,
corre fuerte por las calles
en oleadas el viento
varias semanas al año.
El firme suelo, de pronto,
se precipita en cascadas
de piedra limpia y pulida,
y el casco viejo se adapta
también a este contratiempo.
Gaspar Jover Polo
Archivos adjuntos
Última edición: