RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
ASÍ FUE MI PADRE
De los seres mortales que admiraba
el más sobresaliente fue mi padre,
amó y fue muy amado por mi madre,
me aconsejó que en Dios, siempre confiara.
Como todo varón, en las esquinas
buscaba del jardín lo que él quería,
tomó la más hermosa flor que había,
¡Jamás! él tuvo miedo a las espinas.
Alegre y trovador con elegancia,
artista y comediante de los buenos
especialista en dar lindos serenos
generoso, sin poses de arrogancia.
Los años facturaban su tristeza,
viajero infatigable en el camino,
el implacable sol, su gran amigo,
su tesoro más grande…la pobreza.
Tremendo cuando estaba ya enfadad
si que hacía temblar hasta a las peñas,
emulando a Moisés, rompió las piedras
demostrando sentirse desgraciado.
Aquella tarde, me quedé perplejo,
lloraba sin parar a carcajadas,
al verme murmuró, son pendejadas,
yo, de esta puta vida, no me quejo.
Al tiempo que unos cuantos lagrimones
sobre sus cuencas sin parar caían,
limpiándose los ojos me decía,
-aprende….así lloramos los varones.
-La vida es un reír…reír llorando
es llorar y a la vez reír de frente,
cantándole a la vida, dulcemente,
mirando al sol, si también va llorando-
Dijo: -No llores si es que te lastimas,
soporta con valor si hay una herida
que el éxito más dulce de la vida,
es el que fluye, de entre las espinas.
Te ruego: en los hombres no confíes,
hipócritas lo son por excelencia,
muchos tienen manchada la conciencia
y de su honor…seguro que te ríes;
muchos de aquellos fueron mis verdugos
traicionaron mi honor, y no son cuentos,
preferible confiar, es de los muertos,
ellos nunca hacen daño…son escudos.
Acepta las bondades del destino,
no trates de torcer sus voluntades,
aléjate de espurias vanidades
que así será derecho tu camino.
Pero -hallarás decía -y queda escrito,
fuertes vientos y horrendas tempestades,
aprende a revivir con las verdades
que es la mejor virtud del peregrino-
Así me habló mi viejo en la quebrada,
yo escuchaba callado y muy sereno
me gustó más su orgullo, y el consuelo,
que su vida, fue pobre, pero honrada.
De los seres mortales que admiraba
el más sobresaliente fue mi padre,
amó y fue muy amado por mi madre,
me aconsejó que en Dios, siempre confiara.
Como todo varón, en las esquinas
buscaba del jardín lo que él quería,
tomó la más hermosa flor que había,
¡Jamás! él tuvo miedo a las espinas.
Alegre y trovador con elegancia,
artista y comediante de los buenos
especialista en dar lindos serenos
generoso, sin poses de arrogancia.
Los años facturaban su tristeza,
viajero infatigable en el camino,
el implacable sol, su gran amigo,
su tesoro más grande…la pobreza.
Tremendo cuando estaba ya enfadad
si que hacía temblar hasta a las peñas,
emulando a Moisés, rompió las piedras
demostrando sentirse desgraciado.
Aquella tarde, me quedé perplejo,
lloraba sin parar a carcajadas,
al verme murmuró, son pendejadas,
yo, de esta puta vida, no me quejo.
Al tiempo que unos cuantos lagrimones
sobre sus cuencas sin parar caían,
limpiándose los ojos me decía,
-aprende….así lloramos los varones.
-La vida es un reír…reír llorando
es llorar y a la vez reír de frente,
cantándole a la vida, dulcemente,
mirando al sol, si también va llorando-
Dijo: -No llores si es que te lastimas,
soporta con valor si hay una herida
que el éxito más dulce de la vida,
es el que fluye, de entre las espinas.
Te ruego: en los hombres no confíes,
hipócritas lo son por excelencia,
muchos tienen manchada la conciencia
y de su honor…seguro que te ríes;
muchos de aquellos fueron mis verdugos
traicionaron mi honor, y no son cuentos,
preferible confiar, es de los muertos,
ellos nunca hacen daño…son escudos.
Acepta las bondades del destino,
no trates de torcer sus voluntades,
aléjate de espurias vanidades
que así será derecho tu camino.
Pero -hallarás decía -y queda escrito,
fuertes vientos y horrendas tempestades,
aprende a revivir con las verdades
que es la mejor virtud del peregrino-
Así me habló mi viejo en la quebrada,
yo escuchaba callado y muy sereno
me gustó más su orgullo, y el consuelo,
que su vida, fue pobre, pero honrada.
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