Tiene en su seno
la lentitud de la mano
que se posa sobre el cuerpo,
el calor suave de la respiración,
la lluvia lenta de nuestras palabras,
y el baile automático
del amor repetido año tras años,
y siempre querido y añorado.
Cuando la noche avisa,
me asomo a la ventana
para verla marchar,
para el silencio
y yo,
despedirnos despacio
hasta que nuestras caras
solo se imaginen
dejando la puerta entre abierta
y dar paso a la madrugada.
la lentitud de la mano
que se posa sobre el cuerpo,
el calor suave de la respiración,
la lluvia lenta de nuestras palabras,
y el baile automático
del amor repetido año tras años,
y siempre querido y añorado.
Cuando la noche avisa,
me asomo a la ventana
para verla marchar,
para el silencio
y yo,
despedirnos despacio
hasta que nuestras caras
solo se imaginen
dejando la puerta entre abierta
y dar paso a la madrugada.