Sinuhé
Poeta adicto al portal
Así las fabrico, para que no me falten en mis noches.
Cantos, llamados de muerte y de silenciosa espera impregnados,
mis discursos calladamente dichos, sin ecos, silencio preñado de ausencia.
Así invento las caricias que he de tener cuando regreses,
pura y limpia como eras, como fuiste en los días de tormenta.
Tal vez no me recuerdes, pero sé que tú eres todas mis ausencias.
También descubro en ti la maravillosa esperanza evitada, desde siempre.
Si, así escribo mis silencios, unido a ti, fantasma,
secreto, cuadernito de colores, beso, paz, quimera y espejismo.
Pero ahora ¿Dónde escondo el amor, entonces?
¿Dónde puedo refugiarme de la noche, de las voces que desde ti me llaman?
¡Huyo! ¡Escape tras escape!
¿Es que no comprendes que yo vuelo en apretados círculos de humo?
A ti, sí; a ti dirigidos, pececito de cristal, te me hundes nuevamente.
Y tan solo poder celebrarte en tu llegada,
si por mí fuera te hubiese inventado mía,
construido también tus brazos, tus muslos, caderas, voz, pies.
Si por mí quisiera levantarte con mis años, con los años ya perdidos.
Fabulosamente redimirte de mí, llamarte, tú;
por tu nombre descubrirte, lucecita tenue.
Hubiese descubierto tu cintura, navegado por tu cuerpo,
subsistido, unido a la última amarra del naufragio.
Así invento mis palabras, para llamarte mía:
Fuerte, esplendorosa, camino, fortaleza.
¿Desde cuándo se te perdió el amor?
Búscame, si yo te extraño desde el primer minuto hasta el último.
Invéntame también, en el día que puedas llámame tuyo.
Mientras llegas, yo seguiré encontrando las palabras que te sigan:
valle, desierto y maravilla.
Dulce paz que desde siempre te me escondes.
Cantos, llamados de muerte y de silenciosa espera impregnados,
mis discursos calladamente dichos, sin ecos, silencio preñado de ausencia.
Así invento las caricias que he de tener cuando regreses,
pura y limpia como eras, como fuiste en los días de tormenta.
Tal vez no me recuerdes, pero sé que tú eres todas mis ausencias.
También descubro en ti la maravillosa esperanza evitada, desde siempre.
Si, así escribo mis silencios, unido a ti, fantasma,
secreto, cuadernito de colores, beso, paz, quimera y espejismo.
Pero ahora ¿Dónde escondo el amor, entonces?
¿Dónde puedo refugiarme de la noche, de las voces que desde ti me llaman?
¡Huyo! ¡Escape tras escape!
¿Es que no comprendes que yo vuelo en apretados círculos de humo?
A ti, sí; a ti dirigidos, pececito de cristal, te me hundes nuevamente.
Y tan solo poder celebrarte en tu llegada,
si por mí fuera te hubiese inventado mía,
construido también tus brazos, tus muslos, caderas, voz, pies.
Si por mí quisiera levantarte con mis años, con los años ya perdidos.
Fabulosamente redimirte de mí, llamarte, tú;
por tu nombre descubrirte, lucecita tenue.
Hubiese descubierto tu cintura, navegado por tu cuerpo,
subsistido, unido a la última amarra del naufragio.
Así invento mis palabras, para llamarte mía:
Fuerte, esplendorosa, camino, fortaleza.
¿Desde cuándo se te perdió el amor?
Búscame, si yo te extraño desde el primer minuto hasta el último.
Invéntame también, en el día que puedas llámame tuyo.
Mientras llegas, yo seguiré encontrando las palabras que te sigan:
valle, desierto y maravilla.
Dulce paz que desde siempre te me escondes.