Camino firme en senderos inciertos,
la tempestad ruge, avisando entuertos,
Mas las cosas pasan, con su rostro frío,
y yo soy el fuego que no pierde su brío.
Los días traen lo que han de traer,
yo sólo elijo cómo he de ver,
no a la tormenta, ni al sol o al viento,
sino al eco profundo de mi pensamiento.
No soy el capricho de la suerte ajena,
ni las cadenas de vana condena;
soy quien decide en el ojo de la tormenta,
cómo a la calma, el silencio, me alimenta
Así me preparo, en fuerza y en fe,
pues aunque el tiempo me quiera vencer,
elijo mi senda, elijo mi voz,
y en la virtud hallo mi paz, mi dios.
Con cada día, renazco y aprendo,
a ser como el río que, discurriendo
abraza la piedra, la envuelve y la pule,
como el estoico que en silencio surge.
la tempestad ruge, avisando entuertos,
Mas las cosas pasan, con su rostro frío,
y yo soy el fuego que no pierde su brío.
Los días traen lo que han de traer,
yo sólo elijo cómo he de ver,
no a la tormenta, ni al sol o al viento,
sino al eco profundo de mi pensamiento.
No soy el capricho de la suerte ajena,
ni las cadenas de vana condena;
soy quien decide en el ojo de la tormenta,
cómo a la calma, el silencio, me alimenta
Así me preparo, en fuerza y en fe,
pues aunque el tiempo me quiera vencer,
elijo mi senda, elijo mi voz,
y en la virtud hallo mi paz, mi dios.
Con cada día, renazco y aprendo,
a ser como el río que, discurriendo
abraza la piedra, la envuelve y la pule,
como el estoico que en silencio surge.
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