Josimar Moran
Poeta fiel al portal
En la dicotomía del individualismo colectivo
emergen argumentos incongruentes
modeladores del humano pensamiento
que naufraga en el mar de las impercepciones
tan vitales y a la vez tan intrascendentes
como el silogismo mismo
que representa la existencia.
Y en ese preciso instante surge la disyuntiva
del egoísmo longitudinal
que separa el mar rojo en dos horizontes
donde confluyen
el escepticismo mágico de la sinrazón
y el algoritmo biorrítmico del olvido,
poniendo en entredicho enunciados sagrados
como la tangibilidad del amor
o la fragilidad de la roca que sucumbe ante la gota
que le desgarra desde las entrañas mismas del tiempo.
Entonces la naturaleza exige, implora, nos conmina
a encontrar el correctivo para las aberraciones
erráticas del péndulo de la razón.
Es ahí donde un transplante de células madre
extraídas de la médula ósea de la sociedad,
se torna imperante
y procedente
para aislar o frenar la gangrena
de éste cáncer de soledad que corroe al invierno místico.
Mas hoy,
en las efemérides del último solsticio de silencio
donde la aurora boreal de mis sueños
surcó por última vez
el cénit de la inspiración,
hoy 364 plenilunios después,
como en maléfica conflagración, mis sentidos
vuelven a inundarse de luz,
de albores mágicos
trayendo consigo la subyugación del instinto
que desfallece
flagelado y hambriento a la vera del sendero olvidado
que una vez marcara mi destino.
Marasmos yuxtapuestos sobre el pectoral de la vida
cual bélico emblema
del postrero y redentor designio
que agoniza en la esterilidad de mis anhelos. . .
emergen argumentos incongruentes
modeladores del humano pensamiento
que naufraga en el mar de las impercepciones
tan vitales y a la vez tan intrascendentes
como el silogismo mismo
que representa la existencia.
Y en ese preciso instante surge la disyuntiva
del egoísmo longitudinal
que separa el mar rojo en dos horizontes
donde confluyen
el escepticismo mágico de la sinrazón
y el algoritmo biorrítmico del olvido,
poniendo en entredicho enunciados sagrados
como la tangibilidad del amor
o la fragilidad de la roca que sucumbe ante la gota
que le desgarra desde las entrañas mismas del tiempo.
Entonces la naturaleza exige, implora, nos conmina
a encontrar el correctivo para las aberraciones
erráticas del péndulo de la razón.
Es ahí donde un transplante de células madre
extraídas de la médula ósea de la sociedad,
se torna imperante
y procedente
para aislar o frenar la gangrena
de éste cáncer de soledad que corroe al invierno místico.
Mas hoy,
en las efemérides del último solsticio de silencio
donde la aurora boreal de mis sueños
surcó por última vez
el cénit de la inspiración,
hoy 364 plenilunios después,
como en maléfica conflagración, mis sentidos
vuelven a inundarse de luz,
de albores mágicos
trayendo consigo la subyugación del instinto
que desfallece
flagelado y hambriento a la vera del sendero olvidado
que una vez marcara mi destino.
Marasmos yuxtapuestos sobre el pectoral de la vida
cual bélico emblema
del postrero y redentor designio
que agoniza en la esterilidad de mis anhelos. . .