Astilla.

nesbith

EL MONSTRUO DEL LAGO.
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Perdí una astilla,
la de mi columna.
Se perdió en el diluvio
mi pecho no la contuvo
y dolió verla en un frasco inherte
ya no palpitaba
como lo hizo en su lugar erróneo,
porque decidió dormir 3 semanas
sin que yo la persiviera.

Me observó,
quizás con ojos inquisitivos,
seguramente con papilas hambrientas
me deseeó tanto que explotó...

Y la perdí, con dolor certero
mareo y desmayo,
cual golpe detrás de la nuca.

Se fue, no le gusté lo suficiente.
Mi pecho no era grande y cálido como ocupaba,
mis pensamientos demasiados densos para dejarle echar raíces
y mi anhelo no fue suficiente.



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Última edición:
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Perdí una astilla,
la de mi columna.
Se perdió en el diluvio
mi pecho no la contuvo
y dolió verla en un frasco inherte
ya no palpitaba
como lo hizo en su lugar erróneo,
porque decidió dormir 3 semanas
sin que yo la persiviera.

Me observó,
quizás con ojos inquisitivos,
seguramente con papilas hambrientas
me deseeó tanto que explotó...

Y la perdí, con dolor certero
mareo y desmayo,
cual golpe detrás de la nuca.

Se fue, no le gusté lo suficiente.
Mi pecho no era grande y cálido como ocupaba,
mis pensamientos demasiados densos para dejarle echar raíces
y mi anhelo no fue suficiente.



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A veces sentimos esa sensación de vacío y rechazo del alma.

Saludos
 
Hay una imagen muy potente de base: la “astilla de la columna” como algo interno que se desprende y adquiere vida propia. Ahí hay un gesto claramente surrealista y corporal que funciona muy bien, porque mezcla anatomía, pérdida y extrañeza sin explicación lógica.

Lo más logrado está en la idea de lo expulsado del cuerpo que conserva agencia propia (“me observó”, “me deseó tanto que explotó”). Esa inversión de lo interno que se vuelve autónomo da fuerza al poema.

Besos de luna
 

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