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Ataque a dos bandas.

Tema en 'Prosa: Generales' comenzado por Mr.Hellmet, 10 de Octubre de 2017. Respuestas: 0 | Visitas: 98

  1. Mr.Hellmet

    Mr.Hellmet Poeta recién llegado

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    Tirado en la cama, con una manta cubriendo prácticamente la totalidad de mí cuerpo y una muralla de pañuelos de papel usados sobre la mesa más cercana, así hago frente a la enfermedad que desde hace unos días se ha vuelto mi compañera. Digo enfermedad a pesar de que para mí sea más bien una guerra, guerra en la que se han aliado dos combatientes que comparten enemistad con migo y ahora realizan un ataque a dos bandas sobre mi persona.

    Primero, esta gripe hace avanzar a sus tropas por todo mi cuerpo, moviliza sus ejércitos de manera que marchen uno tras otro causando estragos allá por donde pasan: iniciando el ataque en la parte superior de mí cabeza, rocían mis ojos con diversos gases, similares al cloro o al sarín y los dejan ahogándose en sus propias secreciones lagrimares entre terribles picores, luego, descienden hasta llegar a mis fosas nasales, las cuales acribillan sin piedad alguna hasta que su sangre desciende a borbotones sobre mis labios en forma de mucosa; aprovechando este riachuelo mucoso, llegan hasta mis labios, los cuales resecan y agrietan, de manera que el pronunciar ciertas palabras se vuelve bastante doloroso. Ya en mis labios, penetran en el interior de mi garganta con mucho ímpetu, yo diría demasiado, pues sin duda es la parte más castigada por estas maniobras militares. Su artillería más pesada se despliega rodeando mi faringe y sin ningún miramiento empiezan a cargar contra ella, carga que resulta en un desangramiento flemático que parece no tener fin, haciéndome escupir a cada rato los restos de la masacre mientras siento el punzante aguijoneo del tiroteo que se está llevando cabo en mi garganta.

    Y así, pasando por pulmones, estómago y demás órganos de mi cuerpo esta campaña militar continua su inexorable marcha hasta ver cumplidos sus objetivos. Presa del debilitamiento general que me sobreviene a causa de la susodicha contienda, me doy por vencido y decido sucumbir al cansancio, echándome en la cama tratando de encontrar reposo en el sueño. Es aquí cuando empieza el segundo asalto. Los nuevos atacantes han entablado alianza con un viejo enemigo: el insomnio. No es para mí nada nuevo el encontrar dificultades a la hora de conciliar el sueño, parece que mí cuerpo ama la vigilia y la actividad, de manera que siempre he dormido poco, mal y en unos horarios muy restringidos. A pesar de eso, o mejor dicho, precisamente gracias a eso, a que mi cuerpo gusta de estar despierto, nunca me encontraba cansado los días que seguían a noches en vela o con escasas horas de sueño y podía afrontarlos sin ningún signo de fatiga.

    Ahora parece que eso juega en mi contra, volviéndose un equipo de apoyo para mis actuales invasores. A pesar del agotamiento que me invade soy incapaz de descansar durante la tarde, paralelamente, me encuentro demasiado cansado como para realizar alguna actividad que me ayude a sobrellevar este malestar, de modo que paso las tardes acostado en la cama, en un estado entre la vigilia y el sueño, sin llegar a dormirme del todo, mientras soy presa de sofocos, estornudos y esputos. A veces parece que el cansancio va a vencer y por fin voy a conseguir el ansiado descanso, pero finalmente acaba derivando en un estado de mareo y desorientación, donde no se muy bien que hora es ni donde estoy, pero permanezco consciente. De esta forma transcurren las horas hasta que, llegado el momento de la cena me pregunto que es lo que ha pasado realmente durante ese tiempo, pues soy incapaz de recordarlo con claridad y todo parece ser el resultado de una fantasía, o mejor, de una pesadilla onírica, por lo extraño que me resulta al recordarlo y por lo real que me parece al vivirlo.
     
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