Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol, herido por el horizonte,
se sumerge en aguas de fuego y coral,
mientras el cielo, en tonos de añil y oro,
susurra secretos al oído del viento.
Las olas, como suspiros de la tierra,
acarician la orilla con manos de espuma,
y las gaviotas, sombras errantes,
dibujan círculos en el lienzo del cielo.
El mar, espejo de nostalgias antiguas,
refleja un mundo que se desvanece,
y en su canto, una melodía triste
que habla de amores perdidos en el tiempo.
La brisa, portadora de recuerdos,
se cuela entre las grietas del alma,
y cada grano de arena, testigo mudo,
guarda historias que el viento no olvida.
La luz del día se apaga lentamente,
como un suspiro que se pierde en la noche,
y el mar, en su infinita calma,
se prepara para abrazar la oscuridad.
Rosa Maria Reeder
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