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Atardecer en la plaza

penabad57

Poeta veterano en el portal
El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,
la bancada de frío metal y el reloj impasible
en flor de eternidad guían al solitario hacia
los pliegues de la plaza rumorosa, el sillar
y el árbol de hojas lanceoladas, el jazmín y el gladiolo,
la glicina de puro azul, el canto del agua en la fuente,
la rosaleda bajo la arcada de hierro, el gorrión
que pica un trozo de pan húmedo, son testigos
del efluvio de la luz, de la metamorfosis del cristal
-su resplandor de atardecida en las ventanas dobles-
del rojo carmesí, desnudo ante el tímpano y la ojiva,
de la cruz que da sombra a la sombra de mi cuerpo
cuando ya la luna emerge sobre las ramas de los tilos.
 
Última edición:
El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,
la bancada de frío metal y el reloj impasible
en flor de eternidad guían al solitario hacia
los pliegues de la plaza rumorosa, el sillar
y el árbol de hojas lanceoladas, el jazmín y el gladiolo,
la glicina de puro azul, el canto del agua en la fuente,
la rosaleda bajo la arcada de hierro, el gorrión
que pica un trozo de pan húmedo, son testigos
del efluvio de la luz, de la metamorfosis del cristal,
su resplandor de atardecida en las ventanas entreabiertas,
del rojo carmesí que se desnuda ante el tímpano y la ojiva,
de la cruz que da sombra a la sombra de mi cuerpo
cuando ya la luna pasea entre las ramas de los tilos.
Tiernas palabras.

Saludos
 
El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,
la bancada de frío metal y el reloj impasible
en flor de eternidad guían al solitario hacia
los pliegues de la plaza rumorosa, el sillar
y el árbol de hojas lanceoladas, el jazmín y el gladiolo,
la glicina de puro azul, el canto del agua en la fuente,
la rosaleda bajo la arcada de hierro, el gorrión
que pica un trozo de pan húmedo, son testigos
del efluvio de la luz, de la metamorfosis del cristal,
su resplandor de atardecida en las ventanas entreabiertas,
del rojo carmesí que se desnuda ante el tímpano y la ojiva,
de la cruz que da sombra a la sombra de mi cuerpo
cuando ya la luna pasea entre las ramas de los tilos.
El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,

Buena entrada, un abrazo fraterno
 
El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,
la bancada de frío metal y el reloj impasible
en flor de eternidad guían al solitario hacia
los pliegues de la plaza rumorosa, el sillar
y el árbol de hojas lanceoladas, el jazmín y el gladiolo,
la glicina de puro azul, el canto del agua en la fuente,
la rosaleda bajo la arcada de hierro, el gorrión
que pica un trozo de pan húmedo, son testigos
del efluvio de la luz, de la metamorfosis del cristal
-su resplandor de atardecida en las ventanas dobles-
del rojo carmesí, desnudo ante el tímpano y la ojiva,
de la cruz que da sombra a la sombra de mi cuerpo
cuando ya la luna emerge sobre las ramas de los tilos.
Una gran descripción de un íntimo entorno con toda esa luz en fuga. Un abrazo, Ramón.
 
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