Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Un atardecer nunca es cualquiera;
siempre trae sus colores, sus brillos,
sus mates,
el final y otro principio
cuando el sol se va a dormir
y la luna es su principal testigo.
Un árbol nunca hizo bosque
pero siempre dio cobijo
a la mirada, a la estancia, al paso,
al ser o no ser visto
cuando el día se confunde
al filo de lo previsto.
Las nubes aún nos observan,
cesa el viento vespertino
y lentamente la noche
se hace dueña de uno mismo.
Solo una sombra plantada
marca su entorno arbustivo
y nos recuerda la nuestra...
con luz de luna y olvido.