Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Con aromas de petunia
se inundan los balcones.
Allí donde el sayal de la tarde,
arropa el latido galeote
que boga en tus mares.
Las clavellinas,
enredadas en sus tallos resecos,
juegan a cerrarse
con candados de colores
mientras en la azalea reposa,
el último rayo
que trepanó mis cielos.
Sentada en el umbral del ocaso
contemplo el raigón del silencio,
ovillándose
en el nido vacío de una golondrina.
Él no emigra,
él permanece,
él se aferra
al arimez que me circunda...
Él se oculta,
mostrándose,
cuajando cotidiano mi frente
con laureles de humo...
Folía que eterna
ensillas el pensamiento,
¡galopa en tu Othar bayo
los regatos de mi tristeza!
mas deja al margen de tu herraje
el aroma de petunias
de su pelo,
la apocada clavellina
de su boca,
y aquel lecho de azaleas
donde el sueño hice promesa.
¡Heme aquí, mi sol!
atardeciéndote
en un poema.
