Mirad el carrusel de espumas,
lejos, inmenso cielo en despedida,
beso profundo,
labios en lo hondo;
sí, allí donde se mecen plumas,
plumas de palomas blancas
en nívea alfombra
y la redondez que besa
un horizonte crepitando de olas.
¡Ah, cuánto color en un abrazo!
Lanzas que tiñen el aire,
enamorando,
enamorándose,
enamoradas
gaviotas altas, tendidas, celosas.
¡Ah, cómo se alejan en llanto
y se dispersan las sombras!
Bituminoso manto tibio
entre formas absortas,
que desparramadas en la arena ya húmeda,
las acaricia,
las besa,
quizá las quiera;
en el crepúsculo meciéndose
y que va alejándose en ahogo,
para atrapar,
la amante,
la efímera,
la calma tarde
reflejada en sus ojos.
© Copyright