Atila, periquito eres,
De carácter caprichoso.
Me reclamas incansable,
Cuando quieres
Que mimos te preste.
Y como no acuda rápido,
Con lo exigente que eres,
Chillas desaforado
Cual marido celoso,
Pues únicamente tú,
Tienes derecho
A posarte sobre mi mano,
A acariciarme los dedos
Con tu pico de terciopelo,
Gorjeando.
Tus ojos son
Como los de un halcón
Al acecho,
Mientras tu pluma
Es del color gris clarito,
Propio de cielos plomizos,
Combinados
Con el blanco de la nata
Que a las fresas baña.
Pero cuando respondo
A tu insistente llamada,
Tu voz cambia.
Te vuelves la cosa más dulce,
Y es tal la alegría en tu mirada,
Que es similar
A contemplar a un ángel,
Que se ha encarnado
En el interior de una jaula.
De carácter caprichoso.
Me reclamas incansable,
Cuando quieres
Que mimos te preste.
Y como no acuda rápido,
Con lo exigente que eres,
Chillas desaforado
Cual marido celoso,
Pues únicamente tú,
Tienes derecho
A posarte sobre mi mano,
A acariciarme los dedos
Con tu pico de terciopelo,
Gorjeando.
Tus ojos son
Como los de un halcón
Al acecho,
Mientras tu pluma
Es del color gris clarito,
Propio de cielos plomizos,
Combinados
Con el blanco de la nata
Que a las fresas baña.
Pero cuando respondo
A tu insistente llamada,
Tu voz cambia.
Te vuelves la cosa más dulce,
Y es tal la alegría en tu mirada,
Que es similar
A contemplar a un ángel,
Que se ha encarnado
En el interior de una jaula.