pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nadie disfruta del viento
con las alas rotas
ni sueña con el triunfo
después de mil derrotas.
No se puede caminar descalzo
por caminos de espinas
ni construir fortalezas
teniendo solo ruinas.
No trates de ser la cura
cuando llevas dentro el veneno
ni te inventes un paraíso
en tu evidente infierno.
Aferrada al verdugo
el castigo se vuelve maldición
en el látigo están las cadenas
y en el "amor" la perdición.
Las mentiras no te faltan
se han vuelto oración
para seguir agonizando
mientras defraudas al corazón.
Al tiempo escupes
mientras entierras sueños
creyendo que eres poco
te compadeces de tu " dueño".
Servicial esclava en huesos
con harapos no oyes consejos,
al mundo has dejado en silencio
velando a tu muerto reflejo.
Ya no conservas ningún deseo
y crees que la paz es un cuento,
en las noches el llanto galopa
entre tus fríos lamentos.
Incluso la luna te da la espalda
ante tu resignada injusticia,
escondida de tu mirada llora
al ver tu vida de inmundicia.
Eres tú, tu propia carcelera
al negarte ser guerrera,
si tan solo verte quisieras
dejarías de ser prisionera.
con las alas rotas
ni sueña con el triunfo
después de mil derrotas.
No se puede caminar descalzo
por caminos de espinas
ni construir fortalezas
teniendo solo ruinas.
No trates de ser la cura
cuando llevas dentro el veneno
ni te inventes un paraíso
en tu evidente infierno.
Aferrada al verdugo
el castigo se vuelve maldición
en el látigo están las cadenas
y en el "amor" la perdición.
Las mentiras no te faltan
se han vuelto oración
para seguir agonizando
mientras defraudas al corazón.
Al tiempo escupes
mientras entierras sueños
creyendo que eres poco
te compadeces de tu " dueño".
Servicial esclava en huesos
con harapos no oyes consejos,
al mundo has dejado en silencio
velando a tu muerto reflejo.
Ya no conservas ningún deseo
y crees que la paz es un cuento,
en las noches el llanto galopa
entre tus fríos lamentos.
Incluso la luna te da la espalda
ante tu resignada injusticia,
escondida de tu mirada llora
al ver tu vida de inmundicia.
Eres tú, tu propia carcelera
al negarte ser guerrera,
si tan solo verte quisieras
dejarías de ser prisionera.