cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Frágil y tierna, te observo cuando duermes
y en tus sueños cristalinos quisiera yo verme
dándote las mieles a tu eterna sonrisa,
a tus ojos de jade y tu alma inocente.
Con tan poco de vida haces estremecerme
y es en tu risa que encuentro el alivio a mi penar
de siempre.
Guardas, tal vez el secreto a la dicha ausente
la que busco día con día entre miles de gentes;
la palpo y la abrazo protegiéndola contra el sol hiriente
la escondo de los males que asfixian mi mente
y al final te llevan lejos, donde mis ojos no pueden ya verte.
Atzi, mi lluvia, mi amor de siempre;
mi niña querida, mi estrella resplandeciente,
lucero con chispa, niña serás en mi conciente.
La felicidad llego cuando naciste
y entre odas y llantos el cielo se abrió de repente
dejando en mis manos la llave de un tesoro incandescente,
entre mis brazos te sostuve y dije: lucero.
Es a ti a quién mas deseo, criatura de carne y hueso
caída del mismo éter, tus alas guardaste para en la tierra
morar, un ángel te vio despertar, llegaste de un vientre
cual regalo perfecto la vida da.
Manantial de sueños viajeros, un mundo
para darte y en el jugar, carisma de infancia
inocencia permanente, tus ojos quisiera
por siempre mirar.
Nunca me quites la dicha,
nunca te lleves la sonrisa que me hace vibrar,
el despertar cada mañana y ver tus ojos brillar.
y en tus sueños cristalinos quisiera yo verme
dándote las mieles a tu eterna sonrisa,
a tus ojos de jade y tu alma inocente.
Con tan poco de vida haces estremecerme
y es en tu risa que encuentro el alivio a mi penar
de siempre.
Guardas, tal vez el secreto a la dicha ausente
la que busco día con día entre miles de gentes;
la palpo y la abrazo protegiéndola contra el sol hiriente
la escondo de los males que asfixian mi mente
y al final te llevan lejos, donde mis ojos no pueden ya verte.
Atzi, mi lluvia, mi amor de siempre;
mi niña querida, mi estrella resplandeciente,
lucero con chispa, niña serás en mi conciente.
La felicidad llego cuando naciste
y entre odas y llantos el cielo se abrió de repente
dejando en mis manos la llave de un tesoro incandescente,
entre mis brazos te sostuve y dije: lucero.
Es a ti a quién mas deseo, criatura de carne y hueso
caída del mismo éter, tus alas guardaste para en la tierra
morar, un ángel te vio despertar, llegaste de un vientre
cual regalo perfecto la vida da.
Manantial de sueños viajeros, un mundo
para darte y en el jugar, carisma de infancia
inocencia permanente, tus ojos quisiera
por siempre mirar.
Nunca me quites la dicha,
nunca te lleves la sonrisa que me hace vibrar,
el despertar cada mañana y ver tus ojos brillar.