Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
Fue un bibliotecario y poeta chileno, nacido en el Mineral de Tamaya, ubicada a 25 km al norte de la ciudad de Ovalle, en la región de Coquimbo, Chile, el 28 de Septiembre de 1868
En 1897, siguiendo el progreso que trae el ferrocarril a Temuco y la colonización del sur de Chile, lo que llamaban región de la frontera, actual región de La Araucanía. (Wikipedia) Por un tiempo reside en Puerto Domínguez donde se desempeña como herrero. Puerto Domínguez es un pequeño pueblo situado a orillas del Lago Budi, el lago salado donde abundan los cisnes y las gualas. (nota del autor)
Este Lago es el alma de un pedazo de naturaleza, exuberante, paradisíaco.
Alucina con el espejeo de sus aguas, el rumorear de sus florestas y la quietud misteriosa o la polífona estruendosidad de sus islas montañosas, aún pobladas de indios que suelen ir a tierra firme en canoas labradas en gruesos troncos.
En la lejanía se divisan como manchas verdinegras las selvas que bordean en sinuosa línea la extensión azulosa del Lago.
Diferentes textos lo establecen residiendo también en Nueva Imperial y Puerto Saavedra, la costera localidad de Puerto Saavedra, conocido como Bajo Imperial, donde se radicó definitivamente. Primero como mecánico de vapores y luego como empleado público. En Puerto Saavedra, Winter se convirtió en un personaje destacado de la comunidad, ocupando cargos como tesorero y secretario municipal. Además, en 1915 impulsó la creación de la primera biblioteca pública de la región, que hoy lleva su nombre. Winter era un gran lector y conocedor de la literatura universal, y también un poeta que cultivaba el romanticismo. En su biblioteca recibió la visita de otros escritores chilenos, como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Eugenio Labarca y Alone, entre otros. (Isliada)
Es autor de un poema simbólico: Las hadas, y de un poema montañés: Carmela.
Como señala el escritor regional Hugo Alíster, "su breve pero intensa obra poética, es uno de los primeros discursos en Chile acerca del daño que el hombre provoca en su entorno y, por lo tanto, a sí mismo. Es, seguramente, el iniciador de la poesía ecológica en nuestra devastada tierra. Este solo hecho amerita la recuperación de su memoria y de su obra".
La obra de Winter se aproxima a la corriente del romanticismo, siendo intimista, cargada de nostalgia, conmueve y de algún modo evoca un aspecto de la Frontera violenta de principios de siglo antepasado, en pleno proceso de colonización y chilenización de estas tierras mapuches. Es denominado el primer poeta ecológico (ambientalista) e indigenista (nativista) de Chile.
El mismo año de su muerte salió a luz su libro Poesías (Temuco: Editorial Ceres, 1927), el único que publicó; su poema más conocido, La fuga de los cisnes, es un homenaje a la vida silvestre y a las bellezas del Lago Budi, tal vez una metáfora de la fragilidad de la vida natural en oposición a la brutalidad de los recién llegados, el símbolo de la huida hacia el interior de la Araucanía profunda.
Además de la biblioteca municipal de Puerto Saavedra, un colegio lleva su nombre en Temuco3 y en Puerto Domínguez, a orillas del Lago Budi, se alza un estatua en madera realizada por Ildefonso Quilempán, escultor mapuche.
Falleció en 1927 a los 59 años en Puerto Saavedra de un angioma al pecho.
LA FUGA DE LOS CISNES
Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque del hombre tienen recelo.
Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla de los amores la bella edad.
Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.
¡Cómo era bello cuando jugaban en la laguna
batiendo alas en los ardientes días de sol!
¡Cómo era hermoso cuando vertía la clara luna
sobre los cisnes adormecidos su resplandor!
El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
cómo implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.
Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder formar.
Quedaban pocos; eran los últimos que no querían
del patrio lago las ensenadas abandonar,
sin contagiarse con el ejemplo de los que huían,
confiando siempre de los peligros poder salvar.
Mas, desde entonces fue su destino, destino aciago,
ser el objeto de encarnizada persecución:
vioseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.
Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.
Y allí acordaron que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.
Y la bandada gimió de pena, sintiendo acaso
tantos amores, tantos recuerdos dejar en pos!
Batieron alas; vibró en el aire frú-frú de raso
que parecía que era un sollozo de triste adiós!
*
Reina en el lago de los secretos tristeza suma,
porque hoy no vienen sobre sus linfas a retozar,
como otras veces, los nobles cisnes de blanca pluma,
nota risueña que ya no alegra su soledad.
Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más.
LAS GUALAS
La luz de la tarde, que va fugitiva
corriendo hacia arriba
detiene su paso del monte en la altura,
por ver a las sombras salir silenciosas
y andar vigorosas
cubriendo del lago la tersa llanura.
Ya sobre las ondas sombrías del lago
se siente aquel vago
clamor, que remeda la voz lastimera
de huérfanas almas... Ya cantan las Gualas,
plegadas las alas,
flotando en el lago su queja postrera.
Son muchas... van juntas... su número asombra,
nadando en la sombra,
la onda obscurecen del lago sombrío;
el viento recoge sus quejas... su canto
es lúgubre llanto,
que infunde en el alma pavores y frío.
.............................................................
Oíd cómo lloran
las Gualas del lago;
su mísero, aciago
destino deploran:
«Nosotras tenemos tristeza infinita:
con muerte maldita
llegamos al mundo y en hora fatal,
decimos, Natura, ¿por qué nos regalas
inútiles alas
si nunca con ellas sabemos volar?
En medio del agua vivimos nosotras,
mirando a las otras
alígeras aves del vuelo gozar,
las ondas nos mecen a todos instantes,
vivimos flotantes
sin nunca, en la orilla, descanso buscar...
Amamos las sombras... Dejamos que guarde
la pálida tarde
en hondo misterio los restos de luz,
y luego entonamos las quejas tan hondas
que lleva en sus ondas
el lago sereno, sombrío y azul.
Y vamos muy tristes... y somos hermosas!...
nosotras las cosas
secretas del lago sabemos hallar,
lo bello, lo triste, la pálida bruma,
la frágil espuma,
la onda que gime la brisa al besar.
De nuestras canciones el dulce concento,
vibrando en el viento,
dilátase en ondas de inútil pesar!...
llenando del valle los ámbitos queda
la rítmica y leda
plegaria, que nadie comprende quizás!»
Hay almas que llevan, cual llevan las Gualas,
plegadas las alas
y sobre las olas de un mar de dolor,
cantando a la sombra, se quedan flotantes;
son almas errantes
sin grandes ideales, sin fe, ni valor…
En 1897, siguiendo el progreso que trae el ferrocarril a Temuco y la colonización del sur de Chile, lo que llamaban región de la frontera, actual región de La Araucanía. (Wikipedia) Por un tiempo reside en Puerto Domínguez donde se desempeña como herrero. Puerto Domínguez es un pequeño pueblo situado a orillas del Lago Budi, el lago salado donde abundan los cisnes y las gualas. (nota del autor)
Este Lago es el alma de un pedazo de naturaleza, exuberante, paradisíaco.
Alucina con el espejeo de sus aguas, el rumorear de sus florestas y la quietud misteriosa o la polífona estruendosidad de sus islas montañosas, aún pobladas de indios que suelen ir a tierra firme en canoas labradas en gruesos troncos.
En la lejanía se divisan como manchas verdinegras las selvas que bordean en sinuosa línea la extensión azulosa del Lago.
Diferentes textos lo establecen residiendo también en Nueva Imperial y Puerto Saavedra, la costera localidad de Puerto Saavedra, conocido como Bajo Imperial, donde se radicó definitivamente. Primero como mecánico de vapores y luego como empleado público. En Puerto Saavedra, Winter se convirtió en un personaje destacado de la comunidad, ocupando cargos como tesorero y secretario municipal. Además, en 1915 impulsó la creación de la primera biblioteca pública de la región, que hoy lleva su nombre. Winter era un gran lector y conocedor de la literatura universal, y también un poeta que cultivaba el romanticismo. En su biblioteca recibió la visita de otros escritores chilenos, como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Eugenio Labarca y Alone, entre otros. (Isliada)
Es autor de un poema simbólico: Las hadas, y de un poema montañés: Carmela.
Como señala el escritor regional Hugo Alíster, "su breve pero intensa obra poética, es uno de los primeros discursos en Chile acerca del daño que el hombre provoca en su entorno y, por lo tanto, a sí mismo. Es, seguramente, el iniciador de la poesía ecológica en nuestra devastada tierra. Este solo hecho amerita la recuperación de su memoria y de su obra".
La obra de Winter se aproxima a la corriente del romanticismo, siendo intimista, cargada de nostalgia, conmueve y de algún modo evoca un aspecto de la Frontera violenta de principios de siglo antepasado, en pleno proceso de colonización y chilenización de estas tierras mapuches. Es denominado el primer poeta ecológico (ambientalista) e indigenista (nativista) de Chile.
El mismo año de su muerte salió a luz su libro Poesías (Temuco: Editorial Ceres, 1927), el único que publicó; su poema más conocido, La fuga de los cisnes, es un homenaje a la vida silvestre y a las bellezas del Lago Budi, tal vez una metáfora de la fragilidad de la vida natural en oposición a la brutalidad de los recién llegados, el símbolo de la huida hacia el interior de la Araucanía profunda.
Además de la biblioteca municipal de Puerto Saavedra, un colegio lleva su nombre en Temuco3 y en Puerto Domínguez, a orillas del Lago Budi, se alza un estatua en madera realizada por Ildefonso Quilempán, escultor mapuche.
Falleció en 1927 a los 59 años en Puerto Saavedra de un angioma al pecho.
LA FUGA DE LOS CISNES
Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque del hombre tienen recelo.
Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla de los amores la bella edad.
Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.
¡Cómo era bello cuando jugaban en la laguna
batiendo alas en los ardientes días de sol!
¡Cómo era hermoso cuando vertía la clara luna
sobre los cisnes adormecidos su resplandor!
El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
cómo implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.
Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder formar.
Quedaban pocos; eran los últimos que no querían
del patrio lago las ensenadas abandonar,
sin contagiarse con el ejemplo de los que huían,
confiando siempre de los peligros poder salvar.
Mas, desde entonces fue su destino, destino aciago,
ser el objeto de encarnizada persecución:
vioseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.
Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.
Y allí acordaron que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.
Y la bandada gimió de pena, sintiendo acaso
tantos amores, tantos recuerdos dejar en pos!
Batieron alas; vibró en el aire frú-frú de raso
que parecía que era un sollozo de triste adiós!
*
Reina en el lago de los secretos tristeza suma,
porque hoy no vienen sobre sus linfas a retozar,
como otras veces, los nobles cisnes de blanca pluma,
nota risueña que ya no alegra su soledad.
Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más.
LAS GUALAS
La luz de la tarde, que va fugitiva
corriendo hacia arriba
detiene su paso del monte en la altura,
por ver a las sombras salir silenciosas
y andar vigorosas
cubriendo del lago la tersa llanura.
Ya sobre las ondas sombrías del lago
se siente aquel vago
clamor, que remeda la voz lastimera
de huérfanas almas... Ya cantan las Gualas,
plegadas las alas,
flotando en el lago su queja postrera.
Son muchas... van juntas... su número asombra,
nadando en la sombra,
la onda obscurecen del lago sombrío;
el viento recoge sus quejas... su canto
es lúgubre llanto,
que infunde en el alma pavores y frío.
.............................................................
Oíd cómo lloran
las Gualas del lago;
su mísero, aciago
destino deploran:
«Nosotras tenemos tristeza infinita:
con muerte maldita
llegamos al mundo y en hora fatal,
decimos, Natura, ¿por qué nos regalas
inútiles alas
si nunca con ellas sabemos volar?
En medio del agua vivimos nosotras,
mirando a las otras
alígeras aves del vuelo gozar,
las ondas nos mecen a todos instantes,
vivimos flotantes
sin nunca, en la orilla, descanso buscar...
Amamos las sombras... Dejamos que guarde
la pálida tarde
en hondo misterio los restos de luz,
y luego entonamos las quejas tan hondas
que lleva en sus ondas
el lago sereno, sombrío y azul.
Y vamos muy tristes... y somos hermosas!...
nosotras las cosas
secretas del lago sabemos hallar,
lo bello, lo triste, la pálida bruma,
la frágil espuma,
la onda que gime la brisa al besar.
De nuestras canciones el dulce concento,
vibrando en el viento,
dilátase en ondas de inútil pesar!...
llenando del valle los ámbitos queda
la rítmica y leda
plegaria, que nadie comprende quizás!»
Hay almas que llevan, cual llevan las Gualas,
plegadas las alas
y sobre las olas de un mar de dolor,
cantando a la sombra, se quedan flotantes;
son almas errantes
sin grandes ideales, sin fe, ni valor…