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Aún sin mirada

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Piedra en voz alta, florecida. El silencio descalabrado
en pétalos: la herida de los muertos
puede ser la rosa, pero es la vida que ha cicatrizado.
Las tumbas parecen lugares definitivos,
pero la memoria sigue echando tierra, aumentando
el túmulo, el mausoleo: recordar a los muertos
es nuestra forma de enviarlos al cielo
antes de que el cielo también caiga sobre nosotros
y nos toque reencontrarnos en el olvido de nadie
en idéntica calidad de desconocidos
que alguna vez se extrañaron.
Jamás fui bueno para hablar con los muertos;
a duras penas me comunico con los vivos, ahí también yo.
Nunca sé qué decirme y me digo de todo
solo por disimular la monorrima del silencio incómodo.
Tuve la edad en que a los muertos los conocí por la envidia.
Pero elegí lo que ellos no pueden: la vida,
ese método suicidio que nunca falla en su propósito.
La vida que no es total, como la muerte, la vida
atajada por los conceptos, el lenguaje, las palabras.
Las palabras que nos salvan de haber elegido la vida

a la paz de no tener que más elegir.
Un día querré decirte lo que nunca,

pero ya no encontraré mi boca
o mi boca no podrá encontrarme. Quedaré encerrado
con mis palabras para siempre,
pero, tal vez, algunas alcancen a escapar por las rendijas
de mis ojos cuando cierren el candado: si no eres tú
lo último que no mire
haz de cuenta que te digo que lo mejor del mundo fue mirarte,
aun sin mirada.


Aún sin mirada, persiste.

25 de octubre de 2024
 
Última edición:
Piedra en voz alta, florecida. El silencio descalabrado
en pétalos: la herida de los muertos
puede ser la rosa, pero es la vida que ha cicatrizado.
Las tumbas parecen lugares definitivos,
pero la memoria sigue echando tierra, aumentando
el túmulo, el mausoleo: recordar a los muertos
es nuestra forma de enviarlos al cielo
antes de que el cielo también caiga sobre nosotros
y nos toque reencontrarnos en el olvido de nadie
en idéntica calidad de desconocidos
que alguna vez se extrañaron.
Jamás fui bueno para hablar con los muertos;
a duras penas me comunico con los vivos, ahí también yo.
Nunca sé qué decirme y me digo de todo
solo por disimular la monorrima del silencio incómodo.
Tuve la edad en que a los muertos los conocí por la envidia.
Pero elegí lo que ellos no pueden: la vida,
ese método suicidio que nunca falla en su propósito.
La vida que no es total, como la muerte, la vida
atajada por los conceptos, el lenguaje, las palabras.
Las palabras que nos salvan de haber elegido la vida

a la paz de no tener que más elegir.
Un día querré decirte lo que nunca,

pero ya no encontraré mi boca
o mi boca no podrá encontrarme. Quedaré encerrado
con mis palabras para siempre,
pero, tal vez, algunas alcancen a escapar por las rendijas
de mis ojos cuando cierren el candado: si no eres tú
lo último que no mire
haz de cuenta que te digo que lo mejor del mundo fue mirarte,
aun sin mirada.


Aún sin mirada, persiste.

25 de octubre de 2024
Como vos y con vos, elijo la Vida, Mi Flaco.
Así de jodida soy, elijo la Vida siquiera pa seguir jodiéndo/te.
Te quiero, Pinchelírico.
Abrazos y chanclazos.
 
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