Alba clara
Poeta adicto al portal
(En memoria de mi hermano)
Como Ulises en su barco, te hiciste a la mar
sin saber que jamás regresarías
que la vida se acababa, entre olas de desdicha.
Eran cantos de sirena, los que oías por la noche
mientras los otros dormían.
Y te fuiste a pescar, decías, para que nadie pensara
que era miedo a la mar, miedo a no saber nadar
lo que te lo impediría.
Y dejaste a María, solitaria, llorando por tu partida,
y te fuiste.
Voy con mi hermano decías.
Pero él no tuvo tiempo de agarrarte con sus manos
mientras las olas te hundían
¡Pobrecito! -no he podido- me decía.
Mientras los dos abrazados, lloramos como dos niños
lloramos por tu partida.
¡Que el tiempo lo cura todo!, dice la gente,
¡ojalá sea verdad!
y quizás así un día deje de sentir
esta mano que me aferra la garganta
que aprieta sin compasión, que quiere que no respire.
Quizá ese día mis ojos, me dejen ver
sin llenarse de agua tibia.
Quizás ese día, pueda pensar en ti sin llorar
y no pensar en gritar ¡¡Malditas sirenas!!
Que solo me devolvieron, los restos de un hermano
nuestro hermano, el chiquito y tan querido.
¡¡Malditas sirenas!!!
Ese tiempo aun no ha llegado, ves lo que te decía
aún sigue sin curarse esta herida.
Porque si ese tiempo hubiera llegado
entonces yo no estaría
(llorando mientras escribo)
Como Ulises en su barco, te hiciste a la mar
sin saber que jamás regresarías
que la vida se acababa, entre olas de desdicha.
Eran cantos de sirena, los que oías por la noche
mientras los otros dormían.
Y te fuiste a pescar, decías, para que nadie pensara
que era miedo a la mar, miedo a no saber nadar
lo que te lo impediría.
Y dejaste a María, solitaria, llorando por tu partida,
y te fuiste.
Voy con mi hermano decías.
Pero él no tuvo tiempo de agarrarte con sus manos
mientras las olas te hundían
¡Pobrecito! -no he podido- me decía.
Mientras los dos abrazados, lloramos como dos niños
lloramos por tu partida.
¡Que el tiempo lo cura todo!, dice la gente,
¡ojalá sea verdad!
y quizás así un día deje de sentir
esta mano que me aferra la garganta
que aprieta sin compasión, que quiere que no respire.
Quizá ese día mis ojos, me dejen ver
sin llenarse de agua tibia.
Quizás ese día, pueda pensar en ti sin llorar
y no pensar en gritar ¡¡Malditas sirenas!!
Que solo me devolvieron, los restos de un hermano
nuestro hermano, el chiquito y tan querido.
¡¡Malditas sirenas!!!
Ese tiempo aun no ha llegado, ves lo que te decía
aún sigue sin curarse esta herida.
Porque si ese tiempo hubiera llegado
entonces yo no estaría
(llorando mientras escribo)
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