frank_calle
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aclaración necesaria
Comencé a escribir poemas ocasionales a mediados de los 60, pero muy pocos de aquella época se salvaron del olvido. Probablemente este sea uno de los más antiguos. No lo di a conocer antes, porque siempre lo sentí como algo demasiado personal, de poco interés para otras personas. Pero hoy, a partir de una reflexión muy interesante de Elecctriplem, he cambiado de opinión, y he decidido salvar la deuda moral de no haberlo hecho antes.
Aunque nunca leas este poema
Aún cuando desde niño te tuve amado respeto,
aún cuando de hombre no me atrevo a contradecirte,
aún cuando tu palabra es sagrada para mí,
y hasta te he escrito en silencio
y me he quejado de tu tutela santa,
llena de ojos para ver por los míos,
y para sentir por todo cuánto siento,
o aún más,
cuando he jurado librarme de tu cadena de amor,
que tanto me ha quitado
y me ha cohibido de actuar libremente,
tendré que reconocer que nada ni nadie nos ha separado nunca,
aunque siempre hemos vivido temidos el uno del otro,
separados por una muralla de respeto mutuo,
como si quisiéramos amarnos más
o luchar hasta el final por un motivo increíble, santo.
--------- ------------ ---------- ---------
Muchas veces he intentado llegar hasta ti
y abrazarte,
y besarte como a Dios,
y pedirte perdón por toda mi falta de cariño externo,
y comenzar de nuevo la vida para amarte eternamente,
sin escatimar ni tiempo ni forma,
sin perderte de vista un solo instante.
Muchas veces pienso que ya es tarde.
A veces me detengo en ti
y entonces comprendo cuan dura es la realidad que se aproxima,
cuan grande y dolorosa es la separación,
y me pregunto qué será de mí luego,
qué extraño camino de mundo iniciaré después,
cuando ya no tenga un ideal de mis poemas,
ni aquella lejana sabiduría de tu entereza.
¿Por qué podré luchar entonces?
¿Para quién quedará entonces la posibilidad de mi éxito,
si en todo momento he luchado por la grandeza de tu nombre?
-------- ----------- ---------- --------
Yo,
tu niño mimado de mis primeros años,
el hijo increíblemente introvertido para con el mundo
y para contigo,
aquel ser torpemente inútil para todo lo físico,
siempre sumido en hojas amarillentas que tú no leías,
o que ni siquiera conocías.
Yo,
tu fruto recogido y cuidado con esmero,
que tienes por el más inteligente de tus hijos
o al menos el más estudioso y medido.
Yo,
que te veo ahora vivo y muerto al final de tu vida,
vencido por el trabajo sin más compensación
que el sacrificio.
Yo,
amante fiel de tu entrega admirable,
levanto todo el peso de mi corazón sufrido
para jurarte que seré un hijo digno de ti,
y que te amo, padre,
aunque nunca leas este poema.
Frank Calle (18 / nov / 1969)
Mi padre falleció en julio de 1987, a los 73 años, veintidos después de escrito el poema, que nunca conoció. Mi madre le sobrevivió más de veinte años. Falleció cuando estaba por cumplir 97 años. Deuda de hijo, saldada. Se conocieron desde jóvenes, y pasaron la vida juntos, pienso que incluso después de la muerte del viejo. Durante años mi madre nunca aceptó esa realidad.
Comencé a escribir poemas ocasionales a mediados de los 60, pero muy pocos de aquella época se salvaron del olvido. Probablemente este sea uno de los más antiguos. No lo di a conocer antes, porque siempre lo sentí como algo demasiado personal, de poco interés para otras personas. Pero hoy, a partir de una reflexión muy interesante de Elecctriplem, he cambiado de opinión, y he decidido salvar la deuda moral de no haberlo hecho antes.
Aunque nunca leas este poema
Aún cuando desde niño te tuve amado respeto,
aún cuando de hombre no me atrevo a contradecirte,
aún cuando tu palabra es sagrada para mí,
y hasta te he escrito en silencio
y me he quejado de tu tutela santa,
llena de ojos para ver por los míos,
y para sentir por todo cuánto siento,
o aún más,
cuando he jurado librarme de tu cadena de amor,
que tanto me ha quitado
y me ha cohibido de actuar libremente,
tendré que reconocer que nada ni nadie nos ha separado nunca,
aunque siempre hemos vivido temidos el uno del otro,
separados por una muralla de respeto mutuo,
como si quisiéramos amarnos más
o luchar hasta el final por un motivo increíble, santo.
--------- ------------ ---------- ---------
Muchas veces he intentado llegar hasta ti
y abrazarte,
y besarte como a Dios,
y pedirte perdón por toda mi falta de cariño externo,
y comenzar de nuevo la vida para amarte eternamente,
sin escatimar ni tiempo ni forma,
sin perderte de vista un solo instante.
Muchas veces pienso que ya es tarde.
A veces me detengo en ti
y entonces comprendo cuan dura es la realidad que se aproxima,
cuan grande y dolorosa es la separación,
y me pregunto qué será de mí luego,
qué extraño camino de mundo iniciaré después,
cuando ya no tenga un ideal de mis poemas,
ni aquella lejana sabiduría de tu entereza.
¿Por qué podré luchar entonces?
¿Para quién quedará entonces la posibilidad de mi éxito,
si en todo momento he luchado por la grandeza de tu nombre?
-------- ----------- ---------- --------
Yo,
tu niño mimado de mis primeros años,
el hijo increíblemente introvertido para con el mundo
y para contigo,
aquel ser torpemente inútil para todo lo físico,
siempre sumido en hojas amarillentas que tú no leías,
o que ni siquiera conocías.
Yo,
tu fruto recogido y cuidado con esmero,
que tienes por el más inteligente de tus hijos
o al menos el más estudioso y medido.
Yo,
que te veo ahora vivo y muerto al final de tu vida,
vencido por el trabajo sin más compensación
que el sacrificio.
Yo,
amante fiel de tu entrega admirable,
levanto todo el peso de mi corazón sufrido
para jurarte que seré un hijo digno de ti,
y que te amo, padre,
aunque nunca leas este poema.
Frank Calle (18 / nov / 1969)
Mi padre falleció en julio de 1987, a los 73 años, veintidos después de escrito el poema, que nunca conoció. Mi madre le sobrevivió más de veinte años. Falleció cuando estaba por cumplir 97 años. Deuda de hijo, saldada. Se conocieron desde jóvenes, y pasaron la vida juntos, pienso que incluso después de la muerte del viejo. Durante años mi madre nunca aceptó esa realidad.