Estimado Maese Jmacgar:
Como te ha dado a entender Musador, al referirse a los versos de 15 aludía a los escritos por Gertrudis Gómez de Avellaneda.
Ahora, realmente ¡cuánto por aprender!, parafraseando a Jorge.
¡No alcanza una vida para aprender lo que nos interesa!
Volviendo a Tula, se ha dicho que fue ella la que inventó el pentadecasílabo formado por un hexasílabo más un eneasílabo:
¡Qué horrible me fuera, / brillando tu fuego fecundo,
cerrar estos ojos, / que nunca se cansan de verte;
en tanto que ardiente / brotase la vida en el mundo,
cuajada sintiendo / la sangre por hielo de muerte!
(«La noche de insomnio»)
Bastante claro resulta que algunos de estos versos se desarrollan siguiendo el pie trisílabo:
¡Qué_horrible / me fuera,/ brillando / tu fuego / fecundo,
Sin embargo, amigo mío, el hexámetro exigía entre los antiguos cumplir con reglas muy rígidas.
Podía tener un mínimo de doce sílabas y un máximo de diecisiete.
La cláusula espondaica (espondeos) daba al verso pesadez, solemnidad, lentitud.
La dactílica (dáctilos), por el contrario, le daba ligereza y rapidez.
«La Ilíada» de Homero, por ejemplo, contiene 15690 versos o hexámetros dactílicos.
Ahora, ya que mencionas a los hemistiquios, te diré que en estos versos se empleaba lo que denominaban «cesura», y, en contra de lo que pudiera pensarse, no suponía una pausa, sino más bien era un elemento relacionante entre los distintos semiversos.
La cesura se colocaba siempre entre palabra y palabra, pero nunca entre un pie y otro, sino en medio del pie.
Cada verso presentaba, en consecuencia, una o más cesuras, y cada cesura recibía un nombre particular según la posición que ocupaba.
Muchas gracias por la huella que me dejas.
Externo para ti un cordialísimo saludo.