Évano
Libre, sin dioses.
Vuela la gaita de la casa lejana
a los gorriones del cerezo mecido
y al agua que recoge la curva
de la lona que cubre la piscina.
Picotean avecillas la hilera de yerbas
que sobre la lona de la piscina brotaron.
Las nubes, tras los montes se asoman,
pintan de gris y albo el horizonte.
El humo de la pipa ya no es tabaco,
es nicotina que mancha el horizonte
y vuelve a mis pulmones como alquitrán
sobre un presente de soles amarillos
y flores secas de un jardín que cruje
en la caverna de los ecos de alfileres,
en la hiedra que se enreda en mis ojos,
en las risas que yacen entre piedras
que recorren y cercan cuanto alcanzo.
No existe el silencio si no se olvida.
Nunca existió el silencio,
porque eras gaita y avecilla,
agua y piscina; y las flores,
y el sol entrando a mis pulmones.
Ahora vuelan alfileres y me clavan
a cada lágrima derramada en la yerba,
la yerba seca que cruje entre las piedras,
entre las piedras del comienzo del mundo,
un mundo cubierto por una lona infinita.
Dentro suena el eco de una gaita.
Mientras, moldeo al silencio a mi manera.
a los gorriones del cerezo mecido
y al agua que recoge la curva
de la lona que cubre la piscina.
Picotean avecillas la hilera de yerbas
que sobre la lona de la piscina brotaron.
Las nubes, tras los montes se asoman,
pintan de gris y albo el horizonte.
El humo de la pipa ya no es tabaco,
es nicotina que mancha el horizonte
y vuelve a mis pulmones como alquitrán
sobre un presente de soles amarillos
y flores secas de un jardín que cruje
en la caverna de los ecos de alfileres,
en la hiedra que se enreda en mis ojos,
en las risas que yacen entre piedras
que recorren y cercan cuanto alcanzo.
No existe el silencio si no se olvida.
Nunca existió el silencio,
porque eras gaita y avecilla,
agua y piscina; y las flores,
y el sol entrando a mis pulmones.
Ahora vuelan alfileres y me clavan
a cada lágrima derramada en la yerba,
la yerba seca que cruje entre las piedras,
entre las piedras del comienzo del mundo,
un mundo cubierto por una lona infinita.
Dentro suena el eco de una gaita.
Mientras, moldeo al silencio a mi manera.
Última edición: