BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
La voz que enorgullecida
se mantenía aparte, como
sombra dilatada que diera
palabra a la nada y a la ausencia
cotidiana, esa voz, repercutía
en tu ánimo, alentando el deseo
de existir, alejando fríos vespertinos
y nieblas congénitas a tu nacimiento.
No podrías negar que tu cuerpo,
no le perteneciera; tu mente, otro tanto.
Tú, vástago ignorado, desde su terrible
ceguera, asistido parcialmente, por nodrizas
silenciosas y maquinarias ortopédicas, en
sus urnas enmudecidas, traías contigo
más silencio y ausencia a su vida.
©
se mantenía aparte, como
sombra dilatada que diera
palabra a la nada y a la ausencia
cotidiana, esa voz, repercutía
en tu ánimo, alentando el deseo
de existir, alejando fríos vespertinos
y nieblas congénitas a tu nacimiento.
No podrías negar que tu cuerpo,
no le perteneciera; tu mente, otro tanto.
Tú, vástago ignorado, desde su terrible
ceguera, asistido parcialmente, por nodrizas
silenciosas y maquinarias ortopédicas, en
sus urnas enmudecidas, traías contigo
más silencio y ausencia a su vida.
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