gilbran
Ernesto Salgari
Supongo y sin pretensiones;
que cuando ya no esté.
extrañarás mis dos o tres tímidas sonrisas
dibujándose entre el vaho de un café
a media tarde
o tal vez,
una que otra carcajada resonará en tus oídos
o en el asfalto de las calles, las que solíamos transitar tomados de la manos.
Estarán ausente mis caricias,
que apenas llegaron a ser pequeñas olas a orillas de tu mar.
Se habrán liberado de tu respiro mis gotas de sudor, ingrávidas en cada habitación y tramas de tu ropas.
Cuando ya no me halles
a medio palmo de ti,
quizás, la imagen de un desierto o un glaciar te sobrevenga.
Y seguramente encenderás el televisor,
por cierto, será una acertada decisión.
Hacia donde mires
estarán brillando
mis ojos húmedos
como los de un perro enfermo y mal herido,
brillarán en los espejos,
en tus zapatos de charol,
en cada utensilio neutral,
Incluso,en tus uñas.
Las de nácar.
Perfectas.
Sonará lejana una romántica melodía anglosajona,
o desde las nubes creerás escuchar una plegaria en lengua árabe o latín.
Sabrás qué tan cruel
y complaciente puede llegar a ser el silencio.
Cuando oigas el silencio.
Verdaderamente.
Cuando ya no esté;
verás que el tiempo se detiene, y con él,
todo el firmamento.
Aparentemente.
Caerán de golpe sobre tu cabeza,como lluvia diluviana,
cada uno de los signos zodiacales y sus piedras
y en resuelta batalla los arcanos mayores y menores se batirán en duelo de artilugios;
hasta hacer justicia
en tu memoria acongojada.
Habrás desterrado definitivamente de tu oído
mi última recitación,
el amoroso murmullo,
mi presencia.
Absoluta.
La huella y destino
de este precario poema.
Mi existencia.
.
que cuando ya no esté.
extrañarás mis dos o tres tímidas sonrisas
dibujándose entre el vaho de un café
a media tarde
o tal vez,
una que otra carcajada resonará en tus oídos
o en el asfalto de las calles, las que solíamos transitar tomados de la manos.
Estarán ausente mis caricias,
que apenas llegaron a ser pequeñas olas a orillas de tu mar.
Se habrán liberado de tu respiro mis gotas de sudor, ingrávidas en cada habitación y tramas de tu ropas.
Cuando ya no me halles
a medio palmo de ti,
quizás, la imagen de un desierto o un glaciar te sobrevenga.
Y seguramente encenderás el televisor,
por cierto, será una acertada decisión.
Hacia donde mires
estarán brillando
mis ojos húmedos
como los de un perro enfermo y mal herido,
brillarán en los espejos,
en tus zapatos de charol,
en cada utensilio neutral,
Incluso,en tus uñas.
Las de nácar.
Perfectas.
Sonará lejana una romántica melodía anglosajona,
o desde las nubes creerás escuchar una plegaria en lengua árabe o latín.
Sabrás qué tan cruel
y complaciente puede llegar a ser el silencio.
Cuando oigas el silencio.
Verdaderamente.
Cuando ya no esté;
verás que el tiempo se detiene, y con él,
todo el firmamento.
Aparentemente.
Caerán de golpe sobre tu cabeza,como lluvia diluviana,
cada uno de los signos zodiacales y sus piedras
y en resuelta batalla los arcanos mayores y menores se batirán en duelo de artilugios;
hasta hacer justicia
en tu memoria acongojada.
Habrás desterrado definitivamente de tu oído
mi última recitación,
el amoroso murmullo,
mi presencia.
Absoluta.
La huella y destino
de este precario poema.
Mi existencia.
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