Zulma Martínez
Mar azul...
Se desvanecieron mis palabras;
ya no las tengo.
Se extraviaron en el piélago
neblinoso del sin sentido.
Se borraron de cansancio
de la soleada pizarra en la que
dibujábamos los arabescos
de pláticas interminables:
ésas con olor a mar calmo
y sabor a instante dulzón y eterno.
Por alguna razón que aún no entiendo,
se perdieron en una incierta
telaraña de confusiones
y fueron devoradas a mordidas,
por un monstruoso silencio
junto a las risas, las miradas, los soles
y las tardes de canciones azules.
Así que si hoy me dijeras "hablemos"
te pediría que, por favor, me ayudaras
a comprender cómo podría hacerlo
con palabras ya ausentes.
ya no las tengo.
Se extraviaron en el piélago
neblinoso del sin sentido.
Se borraron de cansancio
de la soleada pizarra en la que
dibujábamos los arabescos
de pláticas interminables:
ésas con olor a mar calmo
y sabor a instante dulzón y eterno.
Por alguna razón que aún no entiendo,
se perdieron en una incierta
telaraña de confusiones
y fueron devoradas a mordidas,
por un monstruoso silencio
junto a las risas, las miradas, los soles
y las tardes de canciones azules.
Así que si hoy me dijeras "hablemos"
te pediría que, por favor, me ayudaras
a comprender cómo podría hacerlo
con palabras ya ausentes.