A veces tengo la sensación de que mi vida transcurre entre autobuses
y todo lo demás es sólo un cuento almidonado,
una discontinua sucesión de escenas
de una peli mala de septiembre
Me acostumbré a deslizarme entre estupideces ofrecidas por Netflix
desde hace lo suficiente como para olvidarme de mi verdadero nombre
Solamente lo recuerdo en el inesperado trance
que proporcionan el gastado tacto de los reposabrazos,
la opacidad de los cristales empañados
y la vacía música pop en la cara del chófer
Paso las noches transmutando olores en fantasmas de vivos
para dárselos de comer a mi diario
que últimamente no me dice nada
Aún así, por la mañana, me reconozco,
ojeando a los jaramagos junto a la carretera
con tal de no establecer contacto
con la señora gorda de mi izquierda
que se entretiene mirando con asco
al senegalés de enfrente, pobre mujer.
Llega mi parada
y el autómata ya está llamando a la puerta,
yo en cambio
me voy quedando dormido
a la espera del próximo autobús.
8:15 a.m. Lunes.
y todo lo demás es sólo un cuento almidonado,
una discontinua sucesión de escenas
de una peli mala de septiembre
Me acostumbré a deslizarme entre estupideces ofrecidas por Netflix
desde hace lo suficiente como para olvidarme de mi verdadero nombre
Solamente lo recuerdo en el inesperado trance
que proporcionan el gastado tacto de los reposabrazos,
la opacidad de los cristales empañados
y la vacía música pop en la cara del chófer
Paso las noches transmutando olores en fantasmas de vivos
para dárselos de comer a mi diario
que últimamente no me dice nada
Aún así, por la mañana, me reconozco,
ojeando a los jaramagos junto a la carretera
con tal de no establecer contacto
con la señora gorda de mi izquierda
que se entretiene mirando con asco
al senegalés de enfrente, pobre mujer.
Llega mi parada
y el autómata ya está llamando a la puerta,
yo en cambio
me voy quedando dormido
a la espera del próximo autobús.
8:15 a.m. Lunes.