Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
Wattpad: https://www.wattpad.com/827259275-autovía-poema-11
20/04/2018
20/04/2018
Es el campo tostado al sol.
Bailan las ortigas con el viento que inicia
una recién nacida primavera caliente, casi de estío.
Los espantapájaros se achicharran cubriendo el campo.
Tras una larga tortura solar
los hombres de paja
bajan de sus palos
y sus pruebas,
quejumbrosos.
Sus cuerpos se desmigajan al sacarse
de los mástiles en los que se habían fundido,
y se van reuniendo en una era central, verde clara,
cuya luz se potencia con las corrientes hídricas,
que pasan y suenan por los laterales,
las que endulzan la larga peregrinación.
Los árboles silban con el viento que acaricia las plantas,
se están excitando con el caminar de los seres de paja.
Aquel inusitado caminar alarma a seres tan callados.
Nunca había pasado nada como eso, y se sienten enfadados.
¡La paja está quieta y se queda en la tierra! ¡No se yergue ni protesta!
Ellos se lanzan por los caminos donde los árboles hacen de atalayas.
Pajas hacen de rastro de migas de pan, rastro áurico y feo a la vez,
que hacen de silueta donde se marca la rebelión.
Todos cercan aquel erial lleno de verdura.
El ruido de la paja se junta con la
suavidad del trinar de los
pájaros cantores.
Todos se quedan quietos mirándose.
El sol impaciente los observa,
que hace a los girasoles
mirarlos intrigados.
La impaciencia circula en el aire,
las caricias se tornan violentas
en la piel de paja
de estos monstruos irreales,
producto del hombre,
señor de todo aquello.
Los montes lejanos,
las aguas y el río,
los pastos.
Aunque no ha podido convencer del todo
a los árboles, a los pájaros y a los animales.
Los repelen en las cercas de sus campos,
los dejan salvajes para su divertimento.
El revuelo de paja acalla a todos esos súbditos.
Ahora se reúnen en forma de círculos, cuadrados y triángulos
aquellos Frankensteins del trigal en una algarada social que a todos espanta.
Las granjas han escuchado aquella rareza y los puercos se hinchan,
preguntándose por qué no fueron los primeros, señores
de la rebelión en la granja del hombre.
Los patos se reúnen por las aguas y observan.
Los hombres de paja gritan, discuten, filosofan.
Todos expectante. Seres del agro,
terminan, abren filas y vuelven
a su cruz.
La Revolución acabó en su principio.
Los hombres de paja no recogen los rastrillos de los hombres,
ni se unen al esfuerzo revolucionarios de las urbes de las granjas,
en las que los vivos alimentan a toda la fortuna del granjero.
Los hombres han visto el espectáculo, se han asustado en un momento.
Han visto todo desde lo alto de las colinas, asombrados,
y no han hecho nada.
El susto inicial se hace curiosidad,
y tras todo, acaba
en una risa animal,
cínica.
Los hombres de paja tornan a sus trabajos.
Algunos hablan con los hombres y se introducen en sus pueblos.
Forman un espectáculo, mientras el resto sigue con sus vidas.
Un nuevo disfrute en el aburrimiento de los hombres,
que se aburre mirando los campos
que se matan a cultivar.
Sólo fue el espectáculo de la extraña caminata de paja.
Nada los mueve. Entonces,
la paja del cuerpo
se ve.
Y despiertan en el astil.
Bailan las ortigas con el viento que inicia
una recién nacida primavera caliente, casi de estío.
Los espantapájaros se achicharran cubriendo el campo.
Tras una larga tortura solar
los hombres de paja
bajan de sus palos
y sus pruebas,
quejumbrosos.
Sus cuerpos se desmigajan al sacarse
de los mástiles en los que se habían fundido,
y se van reuniendo en una era central, verde clara,
cuya luz se potencia con las corrientes hídricas,
que pasan y suenan por los laterales,
las que endulzan la larga peregrinación.
Los árboles silban con el viento que acaricia las plantas,
se están excitando con el caminar de los seres de paja.
Aquel inusitado caminar alarma a seres tan callados.
Nunca había pasado nada como eso, y se sienten enfadados.
¡La paja está quieta y se queda en la tierra! ¡No se yergue ni protesta!
Ellos se lanzan por los caminos donde los árboles hacen de atalayas.
Pajas hacen de rastro de migas de pan, rastro áurico y feo a la vez,
que hacen de silueta donde se marca la rebelión.
Todos cercan aquel erial lleno de verdura.
El ruido de la paja se junta con la
suavidad del trinar de los
pájaros cantores.
Todos se quedan quietos mirándose.
El sol impaciente los observa,
que hace a los girasoles
mirarlos intrigados.
La impaciencia circula en el aire,
las caricias se tornan violentas
en la piel de paja
de estos monstruos irreales,
producto del hombre,
señor de todo aquello.
Los montes lejanos,
las aguas y el río,
los pastos.
Aunque no ha podido convencer del todo
a los árboles, a los pájaros y a los animales.
Los repelen en las cercas de sus campos,
los dejan salvajes para su divertimento.
El revuelo de paja acalla a todos esos súbditos.
Ahora se reúnen en forma de círculos, cuadrados y triángulos
aquellos Frankensteins del trigal en una algarada social que a todos espanta.
Las granjas han escuchado aquella rareza y los puercos se hinchan,
preguntándose por qué no fueron los primeros, señores
de la rebelión en la granja del hombre.
Los patos se reúnen por las aguas y observan.
Los hombres de paja gritan, discuten, filosofan.
Todos expectante. Seres del agro,
terminan, abren filas y vuelven
a su cruz.
La Revolución acabó en su principio.
Los hombres de paja no recogen los rastrillos de los hombres,
ni se unen al esfuerzo revolucionarios de las urbes de las granjas,
en las que los vivos alimentan a toda la fortuna del granjero.
Los hombres han visto el espectáculo, se han asustado en un momento.
Han visto todo desde lo alto de las colinas, asombrados,
y no han hecho nada.
El susto inicial se hace curiosidad,
y tras todo, acaba
en una risa animal,
cínica.
Los hombres de paja tornan a sus trabajos.
Algunos hablan con los hombres y se introducen en sus pueblos.
Forman un espectáculo, mientras el resto sigue con sus vidas.
Un nuevo disfrute en el aburrimiento de los hombres,
que se aburre mirando los campos
que se matan a cultivar.
Sólo fue el espectáculo de la extraña caminata de paja.
Nada los mueve. Entonces,
la paja del cuerpo
se ve.
Y despiertan en el astil.