El ave de aquel puerto
se escapa
arrastrado por el viento del este
de tiempos y tornados,
vuela entre los árboles,
sobre el camino
con hojas de septiembre.
Se fué invadido por algo invisible
habitado en el visible de las cosas
con luz contenida de sombra
entre hierbas y perfiles.
Se fué en el azul murmullo
del mundo rumoroso.
Donde el silencio se esconde
en la boca cerrada de secretos.
Ahora la brisa trae el alma
en un mar sano y salado
y los recuerdos vuelven
como la espuma a la orilla
en los labios abiertos del tiempo.
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